Sobrecogida por la belleza de Mary McCarthy


Por Concha Moreno

Primera confesión: soy politóloga, de la variante itamita/neoporfirista.

A pesar de que no me creo todas las tonteras que me enseñaron en la universidad y soy muy crítica de esa formación neoliberal, muchas cosas que aprendí en el ITAM siguen siendo claves en mi modo de ver el mundo. Estudiando ciencia política en el ITAM conocí a uno de mis ídolos: la filósofa política Hannah Arendt. Si le quieren entrar a su obra, su fascinante análisis de la maldad y el Holocausto está expuesto en su crónica-ensayo Eichmann en Jerusalén. En fin, me desvío. Yo lo que quería decirles es que un ukelele y Hannah Arendt me llevaron a Mary McCarthy.

Segunda confesión: no sé tocar el ukelele.

No tengo ningún talento musical pero soy amiga de muchos músicos. Una de ellas es mi amiga Joy, que vive en Nueva York y tiene una pequeña banda en la que toca el banjo y el ukelele. Joy y yo nos conocimos cuando jugábamos hockey sobre hielo en Brooklyn. Joy lee un montón y un día la vi leyendo a Mary McCarthy.

Mary McCarthy fue la mejor amiga de Hannah Arendt. Arendt, judía alemana de nacimiento, huyó por los pelos del Holocausto y se avecindó en Nueva York, donde fue maestra de la exclusiva New School. Ahí se conoció con McCarthy y tuvieron una rica amistad, la de dos mujeres brillantes y generosas.

Mi amiga Joy, aquella vez, leía Birds of America y me la prestó. Recuerdo una tarde junto a la ventana de mi departamento, la nieve cayendo y yo sobrecogida por la belleza de la obra de Mary McCarthy. Es una hermosa novela sobre un adolescente que crece en un mundo hiperintelectual y encuentra un escape en el arte renacentista. No es una novela perfecta: la segunda parte se cae y aunque es fascinante, se convierte más en ensayo que en una obra narrativa. Joy y yo platicamos mucho de esa novela y fue increíble que años después, ya en la universidad, me topara de nuevo con Mary McCarthy por la vía de Arendt.

Tercera confesión: compro más libros de los que leo.

Como les he contado aquí mismo en La libreta de Irma, he aprovechado este maldito encierro para acomodar mis libros. En casa todos leemos, así que tenemos muchos y compramos tantos libros que no llegamos a leerlos todos, así que tenemos una suerte de librería a domicilio: uno se encuentra con muchas sorpresas empolvadas. Y así me encontré dos libros de McCarthy que no había leído: Confesiones de una chica católica y The group. The group es quizá la novela más con conocida de la autora; fue la inspiración de Candace Bushnell para crear a Carrie Bradshaw y todo el universo de Sex and the city.

Cuarta y última confesión: prefiero los libros a la gente.

He pasado el fin de semana más divertido de este encierro con los libros de Mary McCarthy. Me la pasé tan bien leyendo que olvidé una fiesta virtual a la que estaba invitada. Se me olvidó, totalmente. Estaba metidísima en los libros, son simplemente hermosos. Los empecé a leer el jueves y no paré hasta el domingo en la tarde.

Confesiones de una chica católica es una especie de autobiografía inexacta porque está basada solo en la memoria de Mary, que quedó huérfana de niña y sufrió la vida dickensiana de una niña en casa ajena. Pero no hay nada de autocompasión en el relato, su sentido del humor es de lo más lo más sabroso. Ese me lo leí casi de una sentada, es corto y ligero, lo recomiendo ad infintum si lo que se busca es algo para pasar un buen rato.

The group me gustó tanto que creo que voy a volver a leerla esta semana con más calma. Es la historia de un grupo de amigas egresadas de Vassar, una selectiva universidad femenina de Nueva York. Todo sucede en los años 30 del siglo pasado y es una manera de explorar la forma de ser mujer en Estados Unidos: cómo ser una mujer inteligente que lucha para no ser aplastada por el machismo ni por los propios prejuicios. Publicada en 1963, The group es una piedra de toque del feminismo de segunda ola. Es medio desconocida fuera de Estados Unidos, así que puede ser un verdadero descubrimiento para el lector o lectora. La recomiendo especialmente para las lectoras jóvenes de edad universitaria; es realmente inspiradora para ese momento de la vida.

Veo la foto de Mary McCarthy en la portada de Confesiones de una chica católica. Fue una mujer guapa; bella por dentro y por fuera. Sobrecogida estoy por su obra. Siempre pienso que en esa amistad entre ella y Arendt, la filósofa llevaba la pauta. Pero sin duda Mary merece una espacio para ella misma en el panteón de las mujeres inteligentes.

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