De cómo la poesía de Diego Flores-Jaime cruza océanos


Por Irma Gallo

Se llamaba Diego de Jesús en 1998, cuando la pequeña editorial Libros de la Mancuspia le publicó su primer libro, Alud de la Sal. Para entonces todavía no llevaba una década viviendo en Londres, él, tan del norte (de México), tan de Monterrey.

Entonces, un joven Diego (33 años, para ser precisa) escribía ya con las vísceras ardiendo: el alcohol; el deseo por el cuerpo de una mujer a la que se viene “queriéndola desde el otro lado del mar”; un lugar que se comienza a habitar y se desconoce, y sorprende:

“Entristece llegar a Londres

Sin lluvia

Cargar el paraguas en vano”.

Alud de la sal. Diego de Jesús.

El azar, el no saber qué depara el destino en ése, un destino todavía no familiar:

“Y ahora qué voy a ser:

salteador de caminos, súbdito

de los horóscopos, simio vanidoso

sin espejo, zorro

cruel o astuto o decididamente

carne temblorosa de los sabuesos”

Alud de la sal. Diego de Jesús.

Muchos años después, veintiuno exactamente, Diego de Jesús se ha vuelto Diego Flores-Jaime. La Editorial Universitaria de la Universidad Autónoma de Nuevo León le publica un nuevo poemario: Adversarias / Adversaries. El poeta tiene ahora 54 años de edad y se le nota más maduro (poéticamente hablando, por supuesto).

Ha pasado tres décadas en Londres, más de lo que vivió en su natal Monterrey, y en estos poemas que cruzaron el Atlántico para llegar a la mesa de redacción de La Libreta de Irma se saborea la nostalgia por la tierra, los abuelos, la madre; el amor desmesurado a las hijas y al mismo tiempo la no-comprensión de estos seres que ahora podrán andar libres por el mundo y que son mucho más de acá que de allá, de esa tierra que ha dejado ya una Casa vacía.

“La casa vacía

es un hallazgo

erigido

por los ladrillos del recuerdo”.

“Casa Vacía”. Adversarias / Adversaries. Diego Flores-Jaime.

Londres, sin embargo, ya no es el territorio desconocido y quizá agreste de Alud de la sal. Se recorre de norte a sur, en tren o en bicicleta; se escucha a un cantante desafinado en una tarberna, se observa a un gato del vecindario.

“Yo pedaleo por Londres

y me demoro

acaso para medir

la curvatura

de la copa de un árbol”.

“Saludo a Borges”. Adversarias / Adversaries. Diego Flores-Jaime.

La fortuna de una amistad en común, la gran reportera cultural y pintora Mónica Mateos, hizo posible que los dos poemarios de Diego Flores-Jaime cruzaran el Atlántico para llegar hasta este departamento en Coyoacán.

Como esas alas anhelantes, con las que se construyen los momentos vividos que, borrosos, intentan escapársenos.

Hay que agradecer que existe la poesía de Diego Flores-Jaime para atraparlos.

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