Lecciones de amor propio


Zazil Abraham habla del proceso para la creación de Brava, fuerte y digna

Por Irma Gallo

¿Quién no ha odiado a sus padres, madres, hermanos, hermanas, primas, primos, amigas y etcétera cuando sienten la irreprimible necesidad de decirnos que “ya nos vemos rellenitas (o rellenitos, porque aplica para ambos, aunque quienes hacen estos comentarios se suelen ensañar con las mujeres)” , o que “ya comimos demasiado helado o pastel o pizza o tacos o chocolate o cualquiera que sea nuestra debilidad”?

Sí, nos ha pasado a muchas y a muchos. Y Zazil Abraham, según narra en su libro Brava, fuerte y digna, no fue la excepción.

Pero, ¿en qué punto se decide una no solamente a dejar de escuchar y dejar de sentirse mal por estos comentarios en apariencia inocentes (porque todo el mundo cree que tiene derecho a decirte cosas “por tu bien”), sino a contar estas historias?

Zazil Abraham. Foto: Facebook de la autora


“Me topé con Instagram desde 2012, pero empecé formalmente a bloguear a través de la plataforma en 2014. En 2015 es que inicia el movimiento Brava, fuerte y digna, por el amor propio”, dice la bloguera yucateca en entrevista, y afirma también que lo hizo sólo por ella y para ella.

“Escribir sobre mis procesos era un diario personal, porque antes de hablar de amor propio, subía fotos de mi antes y después, mis comidas cuando estaba muy metida en todo este mundo de las dietas, y que fue migrando a lo que es hoy”.

“Para mí, escribir, siempre ha sido… no es como que yo diga “ay, soy una gran escritora, y estudié para escribir”; simplemente es un medio de expresión para mí, el cual practico desde muy chiquita”.

Zazil Abraham

Foto: Facebook de la autora

En el libro, Zazil narra cómo desde pequeña –específicamente desde los cinco años de edad– se identificó como la “gorda” de su familia, porque solía escuchar frases como que era muy bonita pero debía comer menos porque le estaba “creciendo la barriga”.

Estos constantes comentarios que le hacía la familia “por su bien”, fueron el detonante para que una adolescente y luego joven Zazil probara todas las dietas habidas y por haber, siempre con relativo éxito porque, como ya sabemos muchas y muchos de los que hemos vivido en franca pelea con nuestro peso, las dietas no sirven para nada. Lo único que funciona es la conciencia de que la comida no resolverá otro tipo de carencias y sirve para nutrir nuestro cuerpo, mantenerlo funcionando lo mejor posible y de ese modo, entonces sí, hacernos felices.

Tu manera de alimentarte no es tu identidad. Sí, es un hábito, pero no te define.

Zazil Abraham

Pero volvamos a Zazil. Otro tema que aborda la novel autora es el de la dependencia emocional. En su caso, el de una mujer que se relaciona sexualmente con hombres, cómo las relaciones “amorosas” que establecía no eran sanas. Por ejemplo, cómo necesitaba sentirse valorada por el otro.

“Lo importante”, comenta ahora Zazil, “es darte cuenta de cuáles son tus necesidades como ser humano: afectivas, de amor, de reafirmación, necesidades físicas, lo que sea, y comenzar a darte primero tú, lo que tú te puedas dar, y de esa manera enseñarle a los demás cómo tratarte”.

¿Es éste un libro de autoayuda? Probablemente sí. Es más, sí.

¿Por qué lo estoy reseñando y me molesté en hacerle una entrevista a su autora, si este tipo de “literatura” es algo con lo que nunca me he identificado, que jamás me ha importado?

Primero, porque es en los cuerpos de las mujeres en donde más se hacen patentes estas violencias (eso son los “buenos” consejos sobre la imagen que nunca pedimos pero siempre están ahí; la gordofobia, la “viejofobia”, el gaslighting y demás.

Segundo: porque, como dije, soy de ese tipo de seres humanos (esto va más allá del género) que hemos vivido la mayor parte de la vida tratando de darle gusto a otres.

Y ya no más.

Foto: Facebook de la autora

Si entrevistar a Zazil Abraham, que luce hermosa con esa seguridad en sí misma que ha logrado conquistar, y escribir estas líneas, sirve para que más niñas y mujeres dejen de sentirse como tantas veces me he sentido yo, o al menos logren detectarlo a tiempo y darle la vuelta, habrá valido la pena.

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