Yásnaya Aguilar Gil, la lucha contra la colonización de la lengua y los movimientos sociales


Por Irma Gallo

Yásnaya Elena Aguilar Gil es una de las voces más escuchadas en la actualidad en cuanto al tema de las lenguas indígenas, el territorio y la exigencia de agua limpia para su comunidad.

Es una de las voces más escuchadas, dije, y me alegro, porque es la suya una voz articulada desde la experiencia de quien vive, y no solo eso, problematiza estos temas, y no nada más –aunque también– los ha aprendido en un aula.

“Siempre he pensado que si vemos a la lengua como algo confinado nada más a manifestación cultural, va a ser muy difícil revertir los procesos de pérdida lingüística. Para mí, la lucha por el territorio y la lucha por la lengua debe ser pensar la lengua como un territorio cognitivo, porque lo atraviesa todo. A diferencia de otras manifestaciones culturales como la danza, por ejemplo, que no quiero decir que no sean importantes, son fundamentales, pero hay un momento en que se ejecuta una danza para una cultura, ya sea el momento sagrado o un momento de fiesta o de disfrute, las danzas tienen un lugar ya ritualizado”, explica en entrevista. 

“Pero es verdad que no siempre estamos danzando, o sea, no nos despertamos y danzamos”.

Pero la lengua o las lenguas del mundo atraviesan profundamente lo humano.

Yásnaya E. Aguilar Gil

“Desde que nos despertamos pensamos “tengo que hacer esto hoy”, y eso se hace en una lengua. La lengua en la que se hace está atravesada de historia y política, entonces, todo el tiempo está atravesando nuestras interacciones personales, nuestro pensamiento y nuestro discurrir interno. Por lo tanto, todo está empapado de lengua. Entonces se vuelve un territorio cognitivo que habitamos y que nos hace profundamente humanos. Su defensa sí está para mí muy ligada a la defensa de un territorio, y si no lo vemos así, se va a folklorizar nada más”.

Para Yásnaya, las lenguas indígenas no solo se han folklorizado, sino también romantizado. El Estado ha creado nichos en los que se les “tolera”.

“Antes era: bórrenla por completo. Ahora, con este discurso multiculturalista –que es un discurso porque en las prácticas no hay tal respeto–, en ese discurso se tolera en tanto que las manifestaciones culturales y lingüísticas puedan ser apropiadas por el Estado”. 

El ejemplo que pone no podía ser más iluminador: la Guelaguetza. Pero “¿qué pasa?”, advierte, “¿si vas a utilizar tu lengua en un MP? Ya no. O si exiges un intérprete en el hospital, es una pesadilla. O sea, hay unos nichos donde sí es permitido. Entonces, claro, necesita folklorizarse para su aprovechamiento”.

Pero cuando es para ponerle el nombre a una niña en otomí, en hñahñu, es toda una peripecia legal porque ahí no es un nicho permitido.

“Entonces crean nichos para decir “mira, sí respeto la multiculturalidad”, pero cuando es aprovechable, cuando ya es un acto necesario para la vida no hay tal”.

Publicar en lenguas indígenas

Le pregunto a Yásnaya sobre la postura de la industria editorial con respecto a publicar en lenguas indígenas, ya que acabo de escuchar una charla en el marco de la FILO entre ella, Sara Uribe y Enriqueta Nuñez sobre escritura en estas lenguas, y me parece que el tema de la publicación quedó inconcluso por falta de tiempo.

Me responde que por supuesto que hay que empezar a crear alternativas de publicación en lenguas indígenas, y aunque la poesía ha sido el género más ha publicado, “algunas editoriales han publicado novela, también dramaturgia”.

Entonces me habla de un ensayo en particular que la deslumbró: “es un ensayo bellísimo, sobre muestras de literatura en rarámuri, pero también es un ensayo sobre la literatura rarámuri o sobre la función poética rarámuri, de Ana Cely Palma, que es una gran escritora, que reflexiona sobre el quehacer propio de su abuelo, un muy famoso cantor rarámuri. Se llama Mirada interior, y es un muy bello ensayo que recomiendo mucho”.

Foto: Twitter CEPIADET

Hay una visión colonialista en el feminismo al considerar que la lucha es siempre la de Occidente

Le cuento a Yásnaya que la primera vez que leí un texto escrito por ella fue el que está incluido en Tsunami (Sexto Piso, 2018), y que me interesó su postura crítica con respecto al feminismo, a ése que no voltea a ver a las mujeres indígenas.

Me responde que “hay un intento de validación de que todo movimiento de mujeres debe ser feminismo y no lo es. No lo es no porque sea menos importante, simplemente a veces con el nombre de esos movimientos quieren validar otros. El movimiento de las mujeres de mi comunidad (San Pedro y San Pablo Ayutla, Oaxaca), por ejemplo, no abreva de la tradición feminista. Abreva de otra lucha. Creo que más bien Occidente tiene que ubicarse como uno entre muchos. Entonces, entre muchos movimientos de mujeres que hay alrededor del mundo, uno de esos es el feminismo. Una vez que vemos dentro de la ecología de los movimientos de las mujeres uno histórica y culturalmente condicionado, o sea, occidental, ese feminismo, ya después podemos tener una serie de interlocuciones respetuosas”.

Marcha del 8M 2020 en la Ciudad de México. Foto: © Irma Gallo

La maestra en Lingüística por la UNAM habla de las diferencias del feminismo con el movimiento de mujeres en su comunidad: mientras que el primero se estructura por olas, tiene un cuerpo teórico y un cuerpo académico, la lucha de las mujeres de San Pedro y San Pablo Ayutla está relacionada con el territorio, y las demandas son distintas.

En el caso del feminismo, veo que una de las demandas es la despenalización del aborto, por ejemplo. No es que estemos en contra pero en nuestra historia ha sido mucho la esterilización forzada.

“Y en el caso de ahorita el colectivo de mujeres en la comunidad a la que pertenezco, lo que pide sobre todo es el agua. Y algunas feministas han dicho que esa no es una causa feminista. Por eso es importante tener discusiones más desde el respeto y no desde una visión colonialista. Hay una visión colonialista de que la lucha es siempre la de occidente”.

Antes de concluir la entrevista la felicito por su nuevo libro Manifiestos sobre la diversidad lingüística, recién publicado por Almadía. La cara se le ilumina cuando muestra su ejemplar a la cámara de su computadora, y gracias al milagro del zoom puedo ver cómo lo toma, lo hojea con orgullo y agradecimiento. Y eso es justamente lo que expresa: las gracias a la editorial y a los compiladores de sus textos: Ana Aguilar Guevara, Julia Bravo Varela, Gustavo Ogarrio Badillo y Valentina Quaresma Rodríguez.

Foto cortesía Editorial Almadía

Me cuenta que son textos que dialogan con algunos de sus posts en redes sociales, y con las discusiones que han derivado de esto, todo en torno a la lengua.

Me despido con la convicción de que este es un libro que sin duda hay que leer, y de que voy a seguir por mucho tiempo más a Yásnaya, tanto en sus redes como en sus publicaciones formales, porque esta reflexión está lejos de terminarse.

Si quieres ver la versión en video de esta entrevista, da click aquí:

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