Magx del amor


Por Gilberto Cornejo Álvarez. Foto de portada: Robin Benzrihem en Unsplash

Para mi siguiente acto necesito…

Frase empleada por magxs

¡SUÉLTAME! ¡Me estás lastimando! —grito a todo pulmón en plena calle. Unas cuantas personas detienen sus actividades para ver la escena.

Aquí no, por favor —comienza Pablo. 

Puedo ver en sus ojos que realmente está harto y no tiene la energía para pasar por esto una vez más. Es sábado y sería la cuarta vez en la semana. Sigo. 

Es que no lo entiendo —le digo—, dices que me amas, nos la pasamos genial juntos, cuando no estamos juntos nos mandamos mensaje a todas horas. Entonces, ¿por qué no quieres que vivamos juntos?  

Amor —empieza él—, ya te lo dije: me gusta tener mi espacio. Además, sabes que siempre puedes ir a mi departamento y quedarte por unos días, mi roomie no tiene problema. Si viviéramos juntos… 

Enmudece. Tiene esa expresión de que la ha cagado monumentalmente. Necesito saber qué es lo que se quedó en la punta de su lengua. Presiono más. 

¿Si viviéramos juntos qué? —lanzó agresivamente. ¿Despertaríamos por la mañana acalorados porque dormimos toda la noche abrazados? ¿Prepararías el desayuno mientras yo barro la sala? ¿Lavaría rápidamente los trastes mientras tú te bañas para alcanzarte? ¿Llegaríamos tarde a una reunión con amigos porque nos quedamos tumbados en la cama secándonos con el aire? ¿Tendríamos que comprar sillones nuevos periódicamente por las incontables horas que pasamos acurrucados en ellos viendo películas que te gustan y que yo considero tontas, pero son de las críticas que escribo más vista? ¿Me habría enamorado del ejercicio porque para no estar mucho tiempo lejos de ti te acompañaría al gimnasio? ¿Seríamos más productivos porque trabajaríamos en el cuarto que adaptamos como estudio sin decir palabras, pero con la reconfortante presencia del otro? ¿Le pediríamos más horas a la noche porque nos faltarían horas para seguir amándonos?

Mientras lanzaba todas las posibilidades que se me ocurrían, Pablo nos llevó a una banca en el parque en la que no recuerdo haberme sentado. 

¿Lo ves? —dice con el ceño fruncido. Eres demasiado intenso. 

¡Eliott Demaury jamás me trataría así! —chillo y lágrimas comienzan a caer por mis mejillas. Si no hubiera abandonado mis clases de francés pa…, para pasar más tiempo contigo, probablemente ahora estaríamos comiendo en Margherita Saint-Germain. 

¿Planeabas escaparte con tu profesor de francés? —pregunta con incredulidad. Vaya, es bueno saber que siempre fui tu segunda opción. 

¿Ves cómo nunca me prestas atención? —exhaló. Lucas Lallemant nunca tendría que repetirle a Eliott Demaury algo que ya le ha dicho. Ambos son personajes de una serie francesa. 

Oh, claro, la que me obligaste a ver —señala mi novio. La verdad la encontré bastante aburrida.

¡Eliott nunca la habría encontrado aburrida! —arremeto. Es más: el desde el primer día me habría pedido que nos mudáramos juntos, porque también sería presa de un peligroso amor y querría estar todo el tiempo conmigo. Además, no diría que soy intenso, eso sería lo que más le gustaría de mí, él es un artista. Y una discusión de este tipo con él sería impensable…

Foto: Andreas Selter en Unsplash

Me interrumpo porque una señora se acerca a Pablo y le da un helado sabor moka de la tienda de enfrente. Él acepta el helado con agradecimiento en la mirada. Una vez que siento que la mujer no puede escuchar, continúo. 

¿Y sabes que es lo peor? —inhaló todo lo que puedo—, que en este momento yo estaría festejando con él en Sinner Paris el cumpleaños de su mejor amigo Maxence Danet-Fauvel. Y allí habríamos sido la pareja sensación porque él baila muy bien y yo amo platicar con desconocidos y en algún punto de la noche habría sonado ‘Honey’ y él me habría guiado hasta el centro del lugar y nuestros cuerpos habrían dado la impresión de que éramos una sola persona y los demás se habrían sentido tristes de no tener una relación igual de intensa que la nuestra. Después de eso nos iríamos a casa y al amanecer lo despertaría con besos por toda la cara, porque a él no le da pena agarrarme la mano en público ni llevarme a salidas con sus amigos ni me oculta de sus padres. En cambio, te tengo a ti y la única canción que suena de fondo cuando estoy contigo es la de María José que dice: “Por fuerza no voy a hacerte cambiar”. 

Creo que lo mejor es que terminemos —dice un pasmado Pablo, quien extiende el helado hacia mí. Muchas gracias —respondo. Es el favorito de mi novio Eliott. Sonrió y me lanzó en el mar de parisinos que fluye por la rue Royale.

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