Los insufribles menesteres de la libertad


Por Concha Moreno

Qué monserga es ser libre. Todo refugio está perdido: somos totalmente responsables de lo que hacemos, lo que somos, los que nos tragamos.

Pero, ¿somos libres? Nosotros, bolsas de hormonas, hijos de fórmulas ideológicas, pedazos de mala suerte. ¿Libres de verdad de nuestro Twitter, el algoritmo de Google, las ofertas de Amazon?

Hablar de libertad está pasado de moda, quizá porque nos hemos vuelto cínicos y hemos acabado de aceptar nuestros grilletes sin queja alguna: somos esclavos que cantan a coro con el tambor del carcelero. Pero, aventuro, por eso precisamente debemos hablar hoy de libertad. Estamos tan subyugados por circunstancias incontrolables que la libertad se antoja como una idea revolucionaria.

Hemos llegado a un momento histórico en el que pensamos que ya no es necesario recordar porque todo está guardado en la gran nube de la Internet. También hemos llegado al momento en que creemos que no tomamos decisiones, sino que las decisiones son tomadas por nosotros por los poderes dados y henos aquí, tan campantes, tan felices.

Sarah Bakewell ha escrito un ensayo poderoso sobre la libertad en At the Existentialist Café: Freedom, Being and Apricot Cocktails. Decidida a recuperar ciertas ideas de la juventud, Bakewell revisa las ideas del existencialismo del siglo XX, el de Sartre, Camus, Heidegger, y la gran Simone de Beauvoir. No hay que subestimar las ideas que nos cautivaron de adolescentes, Bakewell nos dice, porque es posible que tuviéramos más razón en aquel tiempo aunque fuéramos más ingenuos. O precisamente por eso; puesto que éramos capaces de suspender nuestros prejuicios y exponernos de lleno a la experiencia.

El clavado que se echa Bakewell en su propia biografía la lleva, llena de dudas, de regreso a París y Berlín, siglo XX: un grupo de jóvenes descubren que se puede hacer filosofía de los cocteles que beben en los bares. ¿Qué es beber, qué puedo obtener de la bebida, de qué está hecha? ¿Hay algo más que pueda experimentar además del sabor, el olor, la embriaguez? ¿Qué es vivir este cóctel de albaricoque?

¿Cómo entregarnos de lleno a los insufribles menesteres de vivir, simplemente vivir? Todas esas preguntas le surgen a la autora a medida que avanza en las palabras y los lemas de los primeros años del siglo XX que tuvieron eco popular en los grandes movimientos sociales de los 60: “Prohibido prohibir”, “Seamos realistas: exijamos lo imposible”.

La tensión de la libertad: en el corazón de esos jóvenes filósofos alzados contra el establishment existían graves contradicciones; contradicciones simplemente humanas que los entregaban a lo más carnal de la experiencia intelectual. (No es extremo decir que el existencialismo es una filosofía de la carne, puesto que se puede filosofar de un bistec dentro de un marco de epistemología).

Contradicciones, muchas: Sartre hablaba de igualdad de género, pero explotaba sexualmente a sus discípulas. De Beauvoir pregonaba el amar libremente pero estaba dolorosamente unida a Sartre, como quien no puede sacarse una idea fija de la cabeza. Heidegger, que dedicó su vida a investigar los dilemas de la libertad, entregó a los nazis a su maestro, Edmund Husserl, y a su (dizque) amada Hannah Arendt.

Simone de Beauvoir, Paris. 1948. Photographic color print, 25 x 36 cm. AM1992-154. Repro-photo: Georges Meguerditchian. © IMEC, Fonds MCC, Dist. R © CNAC/MNAM/Dist. RMN-Grand Palais / Art Resource, NYImage Reference:ART400886MN-Grand Palais/ Gisèle Freund

At the Existentialist Café… es tanto un ensayo como un relato. Como escribió Friedrich Nietzsche, toda filosofía es autobiografía. Bakewell no elude el tema y habla de sí misma, pero sobre todo habla de lo fascinante de aquellos pensadores. El viaje asegura anécdotas hilarantes (como cuando Camus y Sartre se agarraron a golpes), ideas salvajes, sexo. Todo lo que nos narra el libro es excitante. De la investigación de Bakewell uno sale con ganas de matricularse en la facultad Filosofía y Yerbas.

Bueno, ¿somos o no libres? La conclusión: no hay. Más allá de nuestra bioquímica y nuestra circunstancia, somos un proyecto inacabado. Poniéndolo en los términos de Heidegger: somos seres en “yecto” que deben montarse en un “pro-yecto” para sobrevivir. Para Heidegger, todas nuestras persecuciones son “curas” para la ansiedad de nuestra libertad, inventamos objetivos para que nuestra existencia tenga sentido. Y ese sentido, sin duda, nos empuja hacia adelante, adelante, adelante.

Sarah Blakewell. Foto: YouTube

Nos morimos de miedo de ser libres y por eso nos inventamos juegos de amos, esclavos y cadenas. Somos niños que culpan de su destino a sus padres. Pero no hay padres ni dioses: nosotros mismos somos los dioses de nuestro dominio. Al final todos nos vamos a morir, mejor #YOLO.

Es posible que todo esto suene increíblemente infantil. Esa es la idea. Suspendamos otra vez nuestros juicios como cuando éramos adolescentes y buscábamos respuestas. El libro de Bakewell nos invita a explorar y avanzar en la búsqueda de la libertad no solo como una idea que puede empacarse y llega a casa en 30 minutos o es gratis. No: la búsqueda de la libertad es más fundamental y compleja, es la cacería de nuestro propio rostro.

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s