Clarice Lispector: la escritora que nos hacía ver las tinieblas del alma


“Una de las escritoras más misteriosas del siglo veinte”, ha dicho Orhan Pamuk, de esta mujer clara a la hora de la literatura, cuando dice Elena Losada Soler, que “frente a toda la narrativa masculina del sertão ella aportaría una mirada de mujer, una mirada urbana y una mirada contemporánea”.

Por Mónica Maristain

“Su visión me impactó”, recordaba el poeta Ferreira Gullar de su primer encuentro. “Los ojos verdes almendrados, los pómulos marcados; parecía una loba fascinante. Pensé que si la volvía a ver, me enamoraría de ella sin remedio”, así es descripta, como una mujer que se parecía “a Marlene Dietrich y escribía como Virginia Woolf”, Clarice Lispector.

Leer la biografía de Benjamin Moser (Houston, Texas, 1976) de esta autora brasileña, aunque nacida en Ucrania, quien mentía sobre su edad, diciendo que había llegado a los dos meses a Brasil, donde aprendió a arrastrar las erres para ser catalogada siempre de “extranjera”, es un poco pensar que la traemos a este tiempo, que quizás es el que le pertenece.

La biografía de Moser llamada Por qué este mundo (Siruela) le ha valido el Premio Itamaraty de Diplomacia Cultural del Gobierno brasileño y probablemente sea una novela misma, algo que incentiva todavía más el misterio que la envolvía.

Nacida el 10 de diciembre de 1920 (este jueves se cumplirá el centenario de su nacimiento) en Tchetchelnik, Ucrania, 1920 y fallecida en Río de Janeiro, Brasil, 1977, el 9 de diciembre de 1977, un día antes que cumpliera 57 años, Clarice siempre trató de ser vista como una mujer normal y se sentía avergonzada cuando venían artistas como María Bethania, quien se lanzó a sus pies y la proclamó: ¡Mi Diosa!

Decimos este tiempo, incluso con esta pandemia voraz y extendida, quizás porque la lectura de sus textos nos hace ver las tinieblas del alma. Moser hace algo muy profundo en la biografía, cuando compara a Lispector con Franz Kafka: “Como Kafka, se desesperaba; pero al contrario de Kafka, al final y de manera dolorosa, emprendió la búsqueda de un dios que la había abandonado. Como Kafka, relataba su búsqueda, prestando atención al mundo que había dejado atrás, describiendo el alma mística judía que sabe que Dios ha muerto y que, en una especie de paradoja recurrente a lo largo de su obra, está decidida a encontrarle de todas las maneras”.

“El alma expuesta en su obra es el alma de una sola mujer, en la que se encuentra todo el alcance de la experiencia humana”, dice Benjamin, sobre la autora de Cerca del corazón salvaje, una primera novela que recibió el premio de la Fundación Graça Aranha.

“Una de las escritoras más misteriosas del siglo veinte”, ha dicho Orhan Pamuk, de esta mujer clara a la hora de la literatura, cuando dice Elena Losada Soler, que “frente a toda la narrativa masculina del sertão ella aportaría una mirada de mujer, una mirada urbana y una mirada contemporánea”.

“El mundo de lo cotidiano, de lo sin historia, que ha sido durante siglos el mundo de la mujer, puede proporcionar innumerables sorpresas, basta con saber mirar y entender esos signos de una realidad subyacente. Las mujeres de Clarice pueden hablar en tono mayor, alcanzar el fondo de todos los pozos, pero van a la compra, componen fruteros, llaman al fontanero y dominan también todos los resortes del tono menor. En toda su obra, en novelas como La pasión según G. H., Aprendizaje o El libro de los placeres y La hora de la estrella, en volúmenes de cuentos como Lazos de familiaSilencio o Felicidad clandestina o en textos de dificilísima clasificación genérica como el magistral Un soplo de vida (Pulsaciones), encontramos esa observación meticulosa, representación de una manera de mirar –y de ver– el mundo”, agrega.

“Ella no era misteriosas, ciertas personas nacen con una sensibilidad superior a otras y esto tiene consecuencias buenas y malas, trae aparejado placeres no siempre comunes y corrientes, pero también un alto nivel de sufrimiento”, ha dicho su hijo mayor, Paulo Valente.

En la Facultad conoció al que sería su esposo, el diplomático Maury Gurgel Valente, por la profesión de este residieron en Milán, Londres, París y Berna donde nació su hijo Paulo, una actividad para ella primordial: “Desistiría de la literatura. No tengo dudas de que como madre soy más importante que como escritora”, admitía Clarice, coincidiendo con Marguerite Duras, que dice que del hijo “no se tiene dudas”.

De vuelta a Río, en 1949, Clarice Lispector retomó su actividad periodística, firmando con el seudónimo Tereza Quadros una columna en la revista Comicio. Publicó cuentos en la revista Senhor y firmaba una columna femenina en el diario Correio da Manhâ con el pseudónimo Helen Palmer. Tuvo también una página femenina diaria en el Diário da Noite, que salía firmada por la actriz Ilka Soares. En septiembre de 1952 volvía a dejar Brasil, desplazándose con el marido a Washington, DC, donde permanecieron ocho años. En febrero de 1953 dio la luz a su segundo hijo, Pedro. Se separó de su marido en 1959 y regreso a Río, donde volvió a sus colaboraciones en periódicos y revistas y publicó su primer libro de cuentos Lazos de familia. Fue este un fecundo periodo ya que en 1961 apareció Una manzana en la oscuridad y en 1963 La pasión según G.H., su obra más emblemática.

Un incendio fortuito por una colilla mal apagada en su dormitorio en 1966 le provocó quemaduras y graves secuelas y la sumió en profundas depresiones. En esta época realizaba una crónica semanal para el Jornal do Brasil y colaboró con la revista Manchete realizando entrevistas con artistas e intelectuales.

Murió en Río de Janeiro el 9 de diciembre de 1977 a los 56 años, víctima de un cáncer de ovarios, algunos meses después de publicarse su última novela La hora de la estrella.

TODA SU OBRA EN EL FONDO DE CULTURA ECONÓMICA

Clarice Lispector será recuperada en México en un proyecto editorial del Fondo de Cultura Económica (FCE): acaba de publicar Cuentos completos, vendrá un volumen de crónicas y todas las novelas en tres tomos.

 “Me interesa mucho la forma en que dice las cosas, a veces no diciéndolas, produce una sensación de constante enigma, a veces de un gran malestar y explosiones de belleza, de comunión con lo orgánico, con lo animal del mundo, que pocos autores pueden manifestar de una manera tan vívida”, ha dicho la traductora Paula Abramo.

Original publicado en Maremoto Maristain:

https://bit.ly/37DmK1L

Mónica Maristain. Nació en Argentina. Desde el 2000 reside en México. Estudió en la Universidad de Filosofía y Letras. En Argentina dirigió las revistas Cuerpo & Mente en Deportes y La Contumancia. Aquí dirigió la revista Playboy, para todo Latinoamérica. Fue editora del Universal y editora de Puntos y Comas. Ha publicado muchos libros, entre ellos los de poesía: Drinking Thelonious y Antes. Los dedicados a Roberto Bolaño, entre ellos El hijo de Mister Playa. Prepara su libro sobre Daniel Sada: el hombre que sabía bailar.

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