Walter Benjamin, el que avisó del fuego


Por Concha Moreno

Me encontré leyendo a Walter Benjamin y sobre Walter Benjamin. Benjamin era un verdadero sabio, una especie de rebe judío que sabía de todo y un poco más. Como dice Alessandro Baricco en ese ensayo magnífico que es Los bárbaros, Benjamin podía escribir sobre el futuro del arte en la era de la reproducción técnica y también sobre el Pato Donald. Aunque parezca absurdo y forzado ambos temas Benjamin los puede tranzar con facilidad y desmenuzarlos como quien desgrana un edamame.

Les decía que me encontré leyendo a Benjamin porque estoy comenzando a leer la novela de no ficción (no me gusta el término “no ficción”, prefiero ensayo o crónica o reportaje, pero, meh, si no puedes con ellos, úneteles: que sea no ficción, pues) Un final para Benjamin Walter, de Álex Chico. Se trata de un recorrido por las últimas horas de en la vida de Walter Benjamin, quien intentó huir del nazismo cruzando los Pirineos. Falleció en una población fronteriza entre Francia y España llamada Portbou en 1940. Digo que falleció cuando en realidad quiero decir que se suicidó. Cuenta la fatalidad que al día siguiente de su muerte, sus acompañantes de travesía lograron alcanzar España y huir a América.

Entonces, les decía, leí a Benjamin y leía sobre Benjamin. Recuerdo su brevísimo texto sobre el ángel de la historia, ese que mira al futuro con angustia y es arrojado por los vientos del tiempo hacia el pasado. El ángel de la historia no puede intervenir en las desgracias que nos trae el porvenir: sólo puede atestiguar las acciones de los hombres y alejarse sin remedio. El ensayito del ángel de la historia se lo inspiró a Benjamin el cuadro de Paul Klee Angelus Novus. La verdad es que es más sugerente el texto de Benjamin que la obra del pintor, o al menos a mí me lo parece.

Angelus Novus. Paul Klee

Benjamin era un sui generis. No del todo filósofo, una especie de omnívoro de la cultura, un crítico de el zeitgeist, siempre olisqueando el horizonte para entender lo que sucede, y no sólo eso: lo que está por suceder.

Se me ocurre decir que Benjamin fue un gran avisador del fuego. Antes, en las poblaciones europeas cercanas a los bosques, había grandes atalayas donde se apostaba un guardia cuya única función era avisar a voz en cuello si veía venir un incendio. Benjamin era eso, un avisador del fuego, alguien que supo entender los terrores del totalitarismo antes del ascenso de los nazis en Alemania.

El pensador veía con desconfianza el rápido cambio tecnológico y esa especie de “exceso de racionalidad” que caracterizaba al fascismo. Con esto no quiero decir que el nazismo fuera racional, sino que se valía de falacias que parecían muy lógicas para justificar su poder. Fue precisamente ese exceso de razón y la combinación con el progreso técnico lo que permitió que el nazismo asesinara a millones de seres humanos sin perder el paso. Y Benjamin lo supo ver ya en 1936, cuando escribió su ensayo más famoso, La obra de arte en la era de la reproducción técnica.

Benjamin era judío, no muy practicante, pero judío. Además, era uno de los “pensadores perversos” que figuraban en la lista negra de la SS. No había modo de que sobreviviera a los nazis. Huyó para salvarse. Y se desesperó. ¿Qué habrá pensado ese último día en Portbou? Me dispongo a leer al respecto. Con eso les quiero decir que la reseña de la próxima semana será sobre Un final para Benjamin Walter. ¿Qué me parecerá? Chan chan chan. Stay tuned!

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