La literatura es un espacio de compasión: Lídia Jorge


Por Irma Gallo (Foto de portada: Tiago Miranda)

La escritora portuguesa, ganadora del Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances 2020, conversó con Emiliano Becerril, su editor en México, y el traductor Felipe Cammaert en ECOS de la UANLeer

Uno de los libros a los que Lídia Jorge (Boliqueime, 1946) vuelve una y otra vez es Orlando, de Virginia Woolf:

“Es un libro fundamental: lo descubrí cuando ya era adulta; fue el libro que me dijo: puedes escribir lo que quieras, la literatura es libre, es justo eso: poder cambiar los tiempos, poder cambiar las vidas, poder cambiar los nombres, los sexos, los paisajes. Fue el libro que más me dio la sensación de poder”, dijo la escritora en el espacio de #ECOS de #UANLeer, en una charla entrañable sobre literatura, traducción e historia.

Cuando escribo y creo que he ganado una página, es cuando tengo esa sensación de poder. Esa sensación de que la literatura me empodera de una capacidad más allá de la que tengo en la vida diaria.

Lídia Jorge

A la pregunta de Emiliano Becerril, director y fundador de Elefanta Editorial, que le ha publicado la novela Los memorables y recientemente La costa de los murmullos, de cómo o por qué empezó a leer, respondió que su familia era descendiente de campesinos, y que sus abuelos tenían una biblioteca pequeñita.

“Y esa biblioteca fue muy importante porque era una especie de juguete para mí, cuando era niña.”

Leía para divertirme; tenía la idea de que con los libros que leía no estaba encerrada en la casa, no sólo en nuestro jardín, y eso alimentaba mi vida.

La escritora portuguesa dijo que empezó a escribir al mismo tiempo que a leer, “porque cuando leía, sentía la necesidad de responder, de continuar. No aceptaba lo que leía en las páginas, quería continuar, quería dar otros destinos a los personajes”.

Foto: Diana Quintela

En resumen, puedo decir que comencé a escribir porque lo que leía era de tal forma desafiante, que no quería que terminara de la forma en que terminaba. No quería que las historias terminaran así, yo quería darles otras historias.

Los libros para adultos, continuó Lídia, tenían finales que no le gustaban. Seguían el modelo romántico, en el que la tragedia aparecía por todas partes.

La literatura, también, le sirvió a la incipiente escritora para darse cuenta de que, a pesar de ser hija única, la única prima, la única nieta, no estaba sola.

Esa sensación la sigo teniendo hasta hoy: que los libros son grandes compañías, y que es a partir de los libros que me encuentro con lo más profundo que la vecindad con los seres humanos me puede dar.

Los memorables. Elefanta Editorial

A la pregunta de su editor, de si ha leído más de una vez un libro, sobre todo cuyo final no le gustara, Lídia Jorge respondió:

“Para mí los libros son espacios que siento que puedo manchar; cada página hago apuntes, comentarios, y cuando regreso a ellos me parece interesante porque entonces hago comentarios diferentes”, respondió.

Un libro para mí, es un sitio de reescritura y de reelectura. No hay un libro que yo haya leído que no tenga la marca de que pasé por ahí.

La autora de Estuario dijo también que un libro que leyó de niña, La historia de María Tonta, la marcó definitivamente. Contaba la historia de una niña muy torpe y pobre que tenía que viajar a Lisboa para ganarse la vida. Una vez en la ciudad, se sintió infeliz, hasta que los pinos le dijeron: “María Tonta, María Tonta”, y se dio cuenta de que tenía que regresar a su casa.

“Ese libro me dio la idea de que la literatura era un espacio de compasión”, dijo.

Con respeto a La costa de los murmullos, que Elefanta Editorial acaba de publicar en coedición con la Editorial Universitaria de la UANL, Lídia Jorge agradeció la traducción de Felipe Cammaert, “cuando lo leí, pensé ‘este es un libro bello’, y ese es el mayor confort que un traductor le puede dar a un escritor”.

“La historia que narro es el final de la historia colonial portuguesa, pero es también el final del colonialismo europeo de la forma en que había iniciado en el siglo XVI y que llegó hasta el siglo XX”, explicó la autora.

“Es un libro que ha sido interpretado como que busca rematar lo que fueron los libros de Joseph Conrad o D.H. Lawrence en los inicios del siglo XX”, explicó.

La costa de los murmullos. Elefanta Editorial/UANL

“Con Los siete pilares de la sabiduría y El corazón de las tinieblas ellos iniciaron una denuncia”, dijo Jorge.

“A lo largo del siglo XX los europeos se hundieron en el remordimiento y muchos escritores escribieron sobre el asunto”, dijo.

“A finales del siglo XX”, continuó, “varios escribieron sobre eso que fue el embate de varias culturas”.

La costa de los murmullos es un libro sobre el embate de las culturas y registra el momento de cuando una cultura entiende que erró en su camino, que no tiene la supremacía, que no tiene el derecho de seguir explotando al otro, que no tiene derecho de seguir pensando que es dueño de un terreno que no le pertenece.

“Este libro”, continuó, “suena a toque de difuntos; es el final. Es un tañer de campanas sobre ese mundo, que como sabemos no ha terminado. Y porque no ha terminado, La costa de los murmullos continúa siendo un libro que se sigue traduciendo, del que se sigue hablando, la película que se hizo sobre el libro se sigue viendo. Porque un libro que escribí para hablar de un fin, su proyecto, lo que está contado sigue existiendo hoy, de una u otra forma”.

“Lo que más me impresionó”, dijo Lídia Jorge, “porque fue un libro escrito a partir de una vivencia —yo estuve en la guerra, estuve cerca de los lugares de combate; viví en la ciudad de Beira (Mozambique) durante dos años—, lo que pasó es que esa experiencia personal me dijo que yo podía escribir más que sobre esa guerra, sobre la violencia de las guerras, la violencia humana”.

Cuando era muy joven, narró Lídia, había leído los libros de Axel Munthe sobre la segunda guerra mundial, los mecanismos de la guerra y los mecanismos de la violencia. “La forma cómo la proximidad de la muerte provoca una especie de perturbación completa en el mundo de los sentidos, en el mundo del erotismo”.

La proximidad de la muerte despierta una especie de deseo de belleza absoluta y un descontrol erótico.

“Y cuando hice esas lecturas no había entendido bien ese proceso. Pero en la vivencia que tuve en África lo entendí: las personas quedaban alienadas ante la proximidad de la violencia y con la cercanía de la muerte. Así que, unos años después de la experiencia concreta que tuve, escogí la figura del alférez Aléx como la figura de aquel matemático delicado, aquel hombre elegante que tiene ideales extraordinarios, donde la matemática está dentro del mundo artístico y es, por ende, la superación. Y sin embargo él, una vez colocado en la guerra se vuelve igual o más violento que los demás”, explicó la autora.

Los seres más sensibles, cuando están ante la violencia, se involucran en ella y descubren dentro de sí una figura violenta que nunca habían visto.

Ve la charla completa con Lídia Jorge en #ECOS de la #UANLeer aquí:

https://fb.watch/4uly8oG_uF/

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