Mis narradores preferidos son personas con una conciencia fuerte de la poesía: Ezequiel Zaidenwerg


Por Mónica Maristain

50 estados. 13 poetas contemporáneos de Estados Unidos es un ensayo polifónico sobre las múltiples formas de la poesía estadounidense, una antología compuesta de poemas y entrevistas donde la realidad y la ficción se confunden hasta borrar los límites entre géneros.

50 estados: 13 poetas contemporáneos de Estados Unidos (UANL/Antílope), de Ezequiel Zaidenwerg, podría no estar en nuestra biblioteca, pero cuando está, se agranda como uno de esos libros imprescindibles, no sólo para conocer voces desconocidas, sino también para ver los vericuetos de la traducción, ese oficio del que somos esclavos.

¿Leer poesía traducida es leer poesía? Una pregunta que se agiganta en estos tiempos cuando todos parecen hablar otro idioma y padecer sin dudas las mismas emociones.

Dice el poeta Luis Felipe Fabre: “Sin duda, de haber existido, 50 estados hubiera sido mi libro preferido cuando era joven. Lo que me sorprende es que pudiera serlo ahora: ahora que menos entusiasta y menos lector y más advertido por mis amigos, descreo de las antologías nacionales. Y sin embargo sigo, muy en el fondo, presintiendo la poesía norteamericana, más que como una región de la poesía, como un autor plural que me sigue fascinando. Pero me pregunto, también, si acaso la literatura de un país sólo existe, como tal, en su traducción”.

50 estados. 13 poetas contemporáneos de Estados Unidos es un ensayo polifónico sobre las múltiples formas de la poesía estadounidense, una antología compuesta de poemas y entrevistas donde la realidad y la ficción se confunden hasta borrar los límites entre géneros. El resultado deja en claro en qué medida la traducción permite que una multiplicidad de miradas conviva en la mente de un mismo autor, dice una de las editoriales, Antílope.

Ezequiel Zaidenwerg nació en Buenos Aires, en 1981, es poeta, traductor y crítico cultural. Traduce un poema al día en zaidenwerg.com y produce el podcast Orden de traslado.

Esta es la entrevista en video que le hicimos hace unos días, a propósito de su libro.

Es una antología hecha por ti, casi como un regalo

–No sé si es prudente develar el módico misterio del libro en esta entrevista. Lo que sí es cierto es que jugamos con ciertos géneros ya transitados y uno de ellos es la antología. Esos 13 poetas conforman una especie de novela tenue, donde no hay una trama, pero hay un universo de relaciones, hay influencias comunes o enfrentadas, experiencias compartidas…es un libro que se puede leer desde varios lugares, como una antología tradicional, como una novela, como un ensayo de poesía y también, espero, como una reflexión sobre la traducción.

–Una de las formas que leí este libro fue precisamente en pensar la poesía como fuera del universo literario

–Me parece que el sistema literario está cambiando de manera evidente y acelerada. El libro es un poco el testimonio de ese punto de inflexión. Aquí hay toda una industria de las maestrías de escritura creativa que funcionan como refugio ante la precariedad laboral ante las personas que escriben poesía y funcionan como guardianes del acceso a un mundo literario sancionado institucionalmente por esos círculos. Es vivir a la luz de una estrella muerta, que en Latinoamérica ya terminó de morir, pero aquí vemos algunas reverberaciones. Quizás ese contraste entre lo institucional tan pomposo y esa precariedad casi ontológica que vivimos en Latinoamérica respecto a las instituciones, donde la soledad de la persona que escribe poesía es mucho más palpable y paradójicamente por eso son mucho más fuertes las redes de contención y los proyectos autogestivos.

Ezequiel Zaidenwerg
Me parece que el sistema literario está cambiando de manera evidente y acelerada. El libro es un poco el testimonio de ese punto de inflexión. Foto: Cortesía Facebook

Creo mucho en los talleres literarios, una de las cosas cuando estudié Letras que aprendí es que no hay espacio para la poesía

–Sí, es cierto. Tuve grandes profes, pero donde la poesía no ha sido parte de mi educación.

Me interesó mucho el poeta que escribe con un 8A

–Sí, es un poeta chicano. No hay cultura de lectura de poesía enfatizada desde la escuela o de la familia, por eso la pregunta que se repite en el libro es ¿Cómo descubriste la poesía? La narración te lleva de manera más orgánica o más intuitiva. Comencé a leer poesía más tarde, leía narrativa hasta que un profesor nos leyó “Oficina y denuncia”, de Poeta en Nueva York, de Federico García Lorca. Eso fue para mí, un coming out total, ¿qué me estaba perdiendo de todo esto?

¿Qué piensas de esos narradores que escriben poesía en el medio de sus historias?

–Bueno, me importa menos la división entre los géneros que los usos de la lengua. No pienso que una persona que por ser poeta no pueda escribir narrativa. Pienso en los poemas de Juan José Saer, que escribe muy bien y luego se pasó a la narrativa. Pienso en Jorge Luis Borges. Sé que algo que desarmar esas fronteras entre los géneros está bueno.

–Sí, está bien, lo que pasa es que hay actitudes que ven a la poesía como cola…

–Yo no leo tanta narrativa, porque tengo mucho trabajo de profesor, suelo leer novelas en los veranos y en mi día a día leo ensayos y poemas. No sabría responderte a eso. Mis narradores preferidos son personas con una conciencia fuerte de la poesía. Una de las novelas que me gusta mucho es Grande Sertão: Veredas, de João Guimarães Rosa, una novela de 550 páginas que es un poema de principio a fin.

La poesía norteamericana tiene esa entonación, que se encuentra en tu libro

–No sé si es algo de entonación entendida en términos rítmicos, sino algo de una modulación afectiva. Es una forma de procesar el mundo con emociones que uno identifica como algo norteamericano, al ser testigos –un poco voyeurs- de los productos culturales y en mi caso vivir acá, en un país que me deja bastante perplejo.

Publicado originalmente en Maremoto Maristain:

https://bit.ly/3s1PSrD

Mónica Maristain. Nació en Argentina. Desde el 2000 reside en México. Estudió en la Universidad de Filosofía y Letras. En Argentina dirigió las revistas Cuerpo & Mente en Deportes y La Contumancia. Aquí dirigió la revista Playboy, para todo Latinoamérica. Fue editora del Universal y editora de Puntos y Comas. Ha publicado muchos libros, entre ellos los de poesía: Drinking Thelonious y Antes. Los dedicados a Roberto Bolaño, entre ellos El hijo de Mister Playa. Prepara su libro sobre Daniel Sada: el hombre que sabía bailar.

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