No pongas la coma antes de la y o de la o: ¡Consulta el diccionario!


La verdad, es que dice este poeta y antologador de poesías, este lexicógrafo, es que todo lo hacemos mal, pero lo importante es la voluntad, la búsqueda y la curiosidad de adentrarnos en el español por la puerta grande, valiéndonos de los libros que como los de él “destellan estrellas”… ¿o está mal?

Por Mónica Maristain

Es hermoso el libro ¡No valga la redundancia! (Océano), de Juan Domingo Argüelles, como son todos sus libros, en momentos que nos convendría agarrar un diccionario para escribir más o menos decentemente. Hemos tenido una conversación muy simpática por la Casa Universitaria del Libro (CASUL), donde nos reímos de muchas cosas, entre ellas el hablar bien o mal, el escribir bien o mal, en nuestro idioma.

La verdad, es que dice este poeta y antologador de poesías, este lexicógrafo, es que todo lo hacemos mal, pero lo importante es la voluntad, la búsqueda y la curiosidad de adentrarnos en el español por la puerta grande, valiéndonos de los libros que como los de él “destellan estrellas”… ¿o está mal?

–Estoy viendo este libro que va a quedar en mi mesa de luz y es un poco redundante. ¿Tanto nos equivocamos?

–Yo creo que sí. Pero mis libros van dirigidos a quienes les preocupa el uso del idioma, porque quieren comunicarse de un mejor modo. La verdad es que la comunicación en todos sentidos, siempre debemos planteárnosla como algo en la medida que cada cual pueda entenderse con el otro la comunicación está dada. Debemos preocuparnos cuando los hablantes no se entienden. Invariablemente nos comunicamos, aunque sea en forma confusa. ¿Qué es lo que ocurre con nuestro idioma? Ocurre que tenemos cumplida la primera etapa de la comunicación ligera, casual, en donde incluso a través de los dispositivos digitales podemos poner abreviaturas o una serie de símbolos que los demás entienden. El problema que cuando uno lee un libro tiene ciertos términos que si desconocemos no comprendemos lo que leemos. Estamos llegando a extremos que cada vez se comprende menos lo que se lee, porque ignoramos cada vez más los conceptos y los términos. Nuestro vocabulario es precario. Existen en el español 20 mil términos vivos, aquellos eruditos, con mucha cultura, usan esos 20 mil términos. Hay 40 mil términos pasivos que nadie los usa. Según los estudios, una persona en el español, puede comunicarse entre 300 y 2500 palabras. Claro, cuando una persona tiene un vocabulario tan básico como el de 300 palabras, no va a entender nada cuando lea un libro. Esa precariedad de vocabulario se ha convertido en un problema para que las personas comprendan lo que están leyendo.

No me incomoda tanto la lengua hablada, pero cuando veo la coma al lado de la o o la coma al lado de la y, me muero. Esto se ha pasado a los correctores y a los novelistas que han entregado sus textos en los últimos tiempos.

–Justamente por el desconocimiento de las normas gramaticales, creo que cualquier persona que no tenga un concepto, un dominio del idioma, con una elemental cultura, si uno le dice “sintaxis” va a decir que no tiene taxis ¿verdad? Cuando hablamos de este idioma español, me conmueve cuando Pablo Neruda cuando dice que llegaron los españoles a conquistarnos, pero “estos españoles que venían buscando oro y que no encontraron, en realidad nos trajeron el oro. Con ese oro hicimos un idioma distinto”, dice. “Nuestro idioma es español es rayado de indígena”, decía Ramón López Velarde. El caso del adjetivo “abusado”, que en Argentina o en Chile, se aplica a la persona que ha sufrido abuso. En México usamos en el sentido de “listo”, que es un error por “aguzado”, es un barbarismo originalmente, pero hoy es un mexicanismo, porque está en las novelas de Carlos Fuentes. El idioma incluso tiene una corrección cuando a partir de imperfecciones adaptamos un término y lo hacemos propio y esa es la historia de abusado. Tampoco hay que olvidar que esa coma antes de la y o de la o, que sin duda es chocante, resulta menos chocante que la y/o, que es una barbaridad. Ya sea disyuntiva o ya sea inclusiva, no son de excepción. Estas cosas tienen que ver con una cuestión de la vanguardia literaria, que hicieron un desastre en torno a la lengua. Se atrevieron a escribir de corrido sin esos signos que son pausa. Es difícil que alguien recuerde algún poema que sea memorable por esto. Lo que quiere decir es que son modas, no cambian para nada la lengua. Francia prohibió el lenguaje inclusivo, es una noticia que tiene una resonancia global, ya es por ley que el país no acepta como educación este lenguaje, que lo hace muy complicado en el aprendizaje. Ese idioma inclusivo corresponde legítimamente a una reivindicación que están expresando las mujeres, pero no tendría que ser a costa del idioma. Mientras la mayoría de las personas no utilice esas transformaciones, el idioma no se va a cambiar porque alguien lo desee.

Juan Domingo Argüelles
No valga la redundancia, de Juan Domingo Arguelles. Foto: Cortesía

Cuando leo todes o mismes, no pienso que soy feminista, porque sí lo soy, pero me da una bronce de agredir a la lengua.

–Este uso de la e es la etapa superior en el sentido de que primero se comenzó la x intrusivas, para decir todxs. La arroba, sin ser parte del alfabeto, se usó para las equivalencias de femenino/masculino. Luego dijeron que la e podía sustituir y está en todes, en amigues. Es un uso restringido que no se puede usar en senadores, por ejemplo. La mayor parte de la gente no habla ni escribe así. Como dice Gabriel Zaid: “El idioma acepta novedades, lo que no acepta es arbitrariedades”.

–Usted como lexicógrafo tiene mucha paciencia, yo hubiera matado a los que hablan y escriben mal…

–Todos hablamos y escribimos mal. Lo digo porque en efecto hablamos mal y escribimos mal en general. ¿Cuál es la diferencia entre una persona que habla mal y escribe mal y quiere hablar y escribir bien? La diferencia está en el diccionario. Dije: “abuso excesivo de fuerza”, dije: “el robo ilegal de combustible”, ¿Por qué la gente comete este tipo de errores? Porque no ha ido jamás al diccionario.

Publicado originalmente en Maremoto Maristain:

https://bit.ly/3wzATrq

Mónica Maristain. Nació en Argentina. Desde el 2000 reside en México. Estudió en la Universidad de Filosofía y Letras. En Argentina dirigió las revistas Cuerpo & Mente en Deportes y La Contumancia. Aquí dirigió la revista Playboy, para todo Latinoamérica. Fue editora del Universal y editora de Puntos y Comas. Ha publicado muchos libros, entre ellos los de poesía: Drinking Thelonious y Antes. Los dedicados a Roberto Bolaño, entre ellos El hijo de Mister Playa. Prepara su libro sobre Daniel Sada: el hombre que sabía bailar.

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