Carmen Maria Machado: de la pesadilla de la violencia


Por Gilberto Cornejo Alvarez

La pandemia me permitió adentrarme a otros formatos de entretenimiento: así conocí Inventario Podcast, creado por Sylvia Aguilar Zéleny e Isabel Díaz Alanís, que debe su nombre al cuento homónimo de Carmen Maria Machado, incluido en su antología ‘Her Body and Other Parties’ (Graywolf Press, 2017). La escritora estadounidense —de ascendencia cubana— combina en sus relatos la ciencia ficción con los cuentos de hadas y a través de una mirada crítica y feminista denuncia diferentes formas de violencia a las que se enfrentan las minorías (con énfasis en las mujeres parte de la diversidad sexual, como ella).

Dos años después Machado subió la apuesta y presentó In the Dream House: A Memoir (Graywolf Press, 2019), trabajo de no ficción en el que narra la violencia doméstica que vivió en manos de su entonces pareja: una mujer que nadie habría confundido como maltratadora por su complexión física —más baja de estatura y delgada que la protagonista— y que básicamente cumple con la fisonomía para ser la chica perfecta o la doncella en apuros de la narrativa heterosexual. Sin embargo, nos encontramos frente a una relación peculiar y eso que hace que sea importante hablar, discutir, visibilizar, traducir y sobre todo leer este libro. 

En In the Dream House: A Memoir, Carmen Maria Machado cuenta su experiencia y la hila con todo lo que se ha escrito y producido en materia de violencia en relaciones entre mujeres. El ejercicio anterior, aunque parece sencillo, comienza a mostrar las inmensas dificultades y los vacíos legales que prácticamente vuelven doblemente pesadillesco todo lo que vivió. 

En primer lugar, porque se cree imposible que exista violencia en las relaciones lésbicas: falta un hombre (evidentemente cisheterosexual) que violente —específicamente golpee— a una mujer (no sólo cisheterosexual, sino también blanca): así, en 1970 se acuñó la figura de mujer golpeada, a la que no se concibe fuera de una relación heterosexual. Incluso los pocos casos de violencia doméstica entre mujeres que llegaron a la corte estadounidense fueron desestimados porque las violentadoras no cumplían con el perfil tradicional: que fueran hombres o que al menos presentaran rasgos concebidos tradicionalmente masculinos.

Como segundo punto encontramos que la violencia doméstica que narra Machado es psicológica y verbal y la única tipificada es la física. No sólo un vacío legal, que existe casi en todo el planeta, sino una terrible experiencia como lo dejan entrever las tres primeras secciones del libro: Carmen Maria Machado no sólo está prácticamente controlada por su entonces novia, sino que en ocasiones tiene que esconderse en el baño para evitar sus arranques de ira que van desde gritos hasta la destrucción de objetos. Esta violencia es prácticamente invisibilizada —que no invisible, especialmente para la víctima— y por supuesto genera duda y vergüenza en lxs sobrevivientes. 

De hecho, en ‘Dream House as Death Wish’ —capítulo de la quinta sección de su memoria— la escritora señala que le habría gustado que su pareja la hubiera golpeado tan fuerte como para sacarle moretones, pruebas irrefutables de la violencia que vivía y con ello por fin conseguir una orden de restricción. Yo no sé si en Estados Unidos esa sea prueba suficiente, pero al menos desde mi experiencia como sobreviviente de violencia de pareja en una relación no heterosexual, esas pruebas en México son desestimadas con miles de pretextos. 

Eso lleva al siguiente punto: los ecos de esta memoria en la comunidad LGBTTTIQA+, pues en un primer momento parecería que sólo interesa a las mujeres que no son ni blancas ni heterosexuales. La violencia es un fenómeno multidimensional y las estructuras que la sostienen y la reproducen nos afectan a todxs y no es algo que podamos ni debamos desestimar —los peligros son mayúsculos como lo atestigua Machado— con el discurso de que en las relaciones heterodisidentes no se reproducen los roles de género y por lo tanto la proliferación de la violencia es una imposibilidad. 

Al estar fuera de la heteronorma, la situación se complica. Machado lo sabe —lo ha vivido— y por ello sus epígrafes tienen tanto peso y valor: si ya es difícil que se le crea a una persona cisheterosexual que sufrió violencia en la pareja, las posibilidades se reducen al mínimo con alguien parte de la sexodiversidad. Y por supuesto, las desestimaciones que sufre la escritora por parte de los demás terminan desgastándola y desmoralizándola: ¿de verdad su (nuestra) palabra vale tan poco?

Además, la autora también narra como se siente el trauma en su cuerpo cuando se encuentra con su otrora novia en espacios públicos (la náusea), la recolección de pruebas que se pierden con el paso del tiempo (los amenazantes mensajes de voz se quedan en su anterior teléfono), la importancia de contar con un grupo de apoyo (desde su roomie hasta una amiga con la que se ejercita) y un larguísimo etcétera. Esa voz, este yo que narra desde un presente mucho mejor, se convierte en nuestra guía por los sueños que se convirtieron en una pesadilla: Carmen Maria Machado se suma a todos los casos de violencia doméstica en relaciones lésbicas estadounidenses. 

Por eso, resalta que cuando narra los episodios de violencia emplea un tú. Yo no soy quien para decirle a nadie, especialmente a una mujer-queer-estadounidense-racializada-sobreviviente la forma de narrar su experiencia, amén de que Mary Karr señala en The Art of Memoir (Harper, 2015) la importancia de tener una sana distancia con los acontecimientos sobre los que se van a escribir, pero me parece que si In the Dream House: A Memoir fuera contada completamente en primera persona el impacto, que es brutal, aumentaría. Aunque claro, entiendo su decisión: el trauma reconfigura nuestro ADN y cada quien busca las estrategias para desvincularse de esta clase de episodios de la mejor forma.    

Así, esta memoria se convierte en lectura imperdible durante el Mes del Orgullo: la violencia no sólo proviene de las personas heterosexuales y las estructuras y esquemas patriarcales, en ocasiones viene del interior de la sexodiversidad: si no empezamos la discusión, nadie más lo hará por nosotrxs. En Estados Unidos, Carmen Maria Machado ya inició la conversación: esperemos que en México pronto veamos surgir trabajos de no ficción sobre la violencia en las relaciones sexodiversas.

Gilberto Cornejo Álvarez. Periodista cultural para Crea Cuervos. Escribo sobre cine, televisión y representación en Los Lunes Seriéfilos. En La libreta de Irma practico el ensayo y la reseña. Amante de la ficción especulativa y las letras LGBT+

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