‘Love, Victor’: una representación acertada de la adolescencia homosexual


Por Gilberto Cornejo Álvarez

En 2018 ‘Love, Simon’, dirigida por Greg Berlanti, captó la atención de los medios de comunicación y de la crítica de cine por ser la primera película de amor homosexual adolescente que presentaba un gran estudio cinematográfico: 20th Century Fox. La cinta se basó en la novela Simon vs. the Homo Sapiens Agenda (Balzer+Bray, 2015) de Becky Albertalli y si bien el recibimiento general de ambos productos fue bueno, las críticas no se hicieron esperar. 

La principal es que hasta ese momento Albertalli llevaba la vida convencional de una mujer cisheterosexual blanca estadounidense, naturalmente casada y en una relación monógama con un hombre; el retrato de familia se cerraba con los dos hijos y el gato del matrimonio. Sin embargo, lejos de ser uno de esos fanfics que escriben las personas heterosexuales sobre la sexodiversidad y que intentan vender como novelas, Simon vs. the Homo Sapiens Agenda es un trabajo bien documentado que narra experiencias creíbles y no estereotípicas de un adolescente homosexual y parte de su éxito se adjudicó a la experiencia como psicóloga, con énfasis en la atención de la adolescencia LGBT+, de su autora.

La escritora estadounidense continúo explorando el amor no heterosexual en la adolescencia y el escrutinio hacia su vida privada se intensificó, especialmente cuando publicó el tercer libro del “Simonverso”: Leah on the Offbeat (Balzer+Bray, 2018), pues narraba el enamoramiento entre chicas. A la estadounidense le tomó dos años más darse cuenta de su orientación sexual y el 31 de agosto del 2020 publicó en Medium que es una mujer bisexual y que al crecer en un ambiente conservador y sin referentes no se dio cuenta de la situación hasta ese momento. 

Además recalcó que su salida del armario no fue nada gratificante por los cuestionamientos en internet y de la prensa y pidió más amabilidad, especialmente para los escritores que aún siguen en el proceso de descubrimiento y aceptación de su sexualidad o que no pueden hacer pública su identidad de género u orientación sexual, pues se encuentran en un entorno hostil. Albertalli remató señalando que al menos ella no necesita la aprobación de nadie para escribir historias de amor entre hombres (o cualquier historia de amor en realidad). 

Aunque lo anterior da pie a que discutamos que nunca es tarde para descubrirse y deconstruirse, las presiones externas que obligan a las personas a hacer públicas su orientación sexual o identidad de género incluso cuando no están listas, o si se puede calificar como literatura LGBTTTIQA+ una novela escrita por una persona cisheterosexual, en este espacio es la puerta de entrada para que comentemos la serie que se creó a raíz de ‘Love, Simon’: Love, Victor. Dicho spin-off se estrenó en 2020 y en su primera temporada no presentó demasiado para ser calificado como un buen producto. 

Lo que más llamó la atención fue que Disney+, plataforma de streaming en la que en un primer momento se transmitiría la ficción en Estados Unidos, decidió mandar la serie a Hulu por considerar que no era contenido familiar. Aunque la declaración causó malestar (¿de verdad se piensa que alguien puede cambiar su orientación sexual gracias a una serie?) se pensó que el malestar de la empresa del ratón se debía a que la serie retrataba la adolescencia homosexual estadounidense de la forma más natural posible. 

Sin embargo, la primera temporada experimentó el mismo problema que ‘Love, Simon’: poca profundidad en trama y personajes, en aras de mantener a la producción apta para la mayor cantidad de personas. En la novela en que se basa la cinta, Albertalli describió varias situaciones íntimas —no necesariamente eróticas o sexuales— que en la gran pantalla se resumieron en un beso o tomarse de la mano. Y en Love, Victor se repitió la historia: Victor se besó hacia el final de temporada y prácticamente en secreto con Benji. Así, parecía que la única representación por la que estaban dispuestos a apostar los grandes estudios era por las historias adolescente en las que salir del clóset era lo central.

Por eso, me sorprendió gratamente que ya sin el temor al rechazo ni el desgaste de ocultar su sexualidad, Albertalli enderezó el camino en la segunda temporada de Love, Victor y por fin presenta una serie que es lo que sus anteriores proyectos audiovisuales prometieron y no cumplieron. Incluso yo he dicho que las generaciones más jóvenes no enfrentan tantas dificultades al momento de hacer pública su orientación sexual o identidad de género y el inicio de esta ficción desmiente la idea. 

La segunda temporada de Love, Victor nos presenta a Victor (Michel Cimino) y Benji (George Sear) disfrutando de su relación durante las vacaciones de verano en compañía de sus amigos Lake (Bebe Wood) y Felix (Anthony Turpel), mientras que Mia (Rachel Hilson) —otrora novia del protagonista— se ofrece como cuidadora en un campamento de verano para poder distanciarse de la fuente de su dolor, amén de superar su decepción amorosa. Y el inicio de las clases obliga a que Victor y Benji discutan si harán pública su relación, especialmente porque el primero es parte del equipo de basquetbol de la preparatoria, ambiente cargado de machismo. 

Por supuesto y como no podía ser de otra forma tomando en consideración que la línea que separa a la comedia romántica del drama es muy delgada, Victor decide posponer el anuncio de su relación en la escuela, pues Isabel (Ana Ortiz) —su madre— le dice que lo piense bien ya que los adolescentes pueden ser muy crueles con la sexodiversidad, especialmente durante la preparatoria. Y si bien el anuncio se pospone, la relación de los protagonistas se enfrenta a una serie de obstáculos en los que temas como la existencia de los aliados y a quien se puede calificar como tal, el desconocimiento sobre el sexo no heterosexual y la importancia de confiar en tu pareja se hacen presentes.  

Para no alargar este texto en exceso, aquí únicamente nos centraremos en tres temas que esta serie abordó de forma más que sobresaliente. La primera, la dificultad que enfrentan los padres cuando su hije les comparte que es parte de la sexodiversidad. Los guionistas decidieron que fuera Isabel —la más cercana al protagonista—, quien enfrentara mayores complicaciones para aceptar a su hijo: no sólo hace muecas cuando lo ve con su novio, también trata mal a Benji cuando va a su casa. El rechazo de Isabel hacia la sexualidad de Victor deriva de su educación conservadora y de su formación católica (religión que continúa profesando) y si bien el avance no es tan rápido como su hijo o la audiencia desea, hacia el final de temporada vemos como la mujer abandona la iglesia, pues el sacerdote afirmó que el protagonista arderá en el infierno por ser homosexual. 

La conversación entre Isabel y Victor cuando se aborda este tema muestra que la deconstrucción y el cambio de percepción en temas complejos como la sexodiversidad no necesariamente es rápido ni fácil, pero con la voluntad necesaria se puede lograr. El avance en materia de sexodiversidad —desde teorías hasta la conquista de derechos— avanza todos los días e incluso para nosotrxs es complicado mantenernos al día, entonces no debe extrañarnos que para las personas que nacieron antes de 1990 lo sea todavía más. En ocasiones también se necesita paciencia y confianza en el otro.  

El segundo tema que trabajo bien la serie fue la existencia de los aliados y su papel en el movimiento. Andrew (Mason Gooding) le hace saber en más de una ocasión —y con más fuerza conforme se acerca el primer juego de la temporada a Victor— que él no tiene problemas con su sexualidad y como es el capitán del equipo de basquetbol no tiene nada que temer: el equipo eventualmente se dará cuenta de su talento y olvidará que es gay en los vestidores (varios compañeros le pidieron al entrenador que el protagonista no use los vestidores ni las duchas, pues se sienten incómodos).

Aunque Victor acepta, la discriminación por parte de algunos de sus compañeros de equipo sigue, así que decide confrontar a Andrew y le hace ver que aunque se declara muy aliado no tomó ninguna medida para evitar que lo violenten ni discriminen: ¡ni siquiera habló con los demás a pesar de que es el capitán! Y si bien la resolución que se le da a este arco es sosa, permite que la gente heterosexual se de cuenta de lo absurda que suena cuando se proclama aliada, pero no toma ninguna acción para apoyar a la sexodiversidad en su entorno inmediato. Y ya que entramos en materia, existimos todo el año, no sólo en el mes del orgullo. 

El último tema que rescatamos de la producción es que no existe una forma correcta de ser parte homosexual. Victor se siente confundido pues para sus pares heterosexuales es demasiado gay, pero para los amigos de Benji es demasiado hetero (especialmente por su afición a los deportes). De hecho, en la temporada anterior ya se habían presentado a hombres homosexuales diferentes —Simon (Nick Robinson) y Bram (Keiynan Londsdale)— y en esta temporada la incorporación de Rahim (Anthony Keyvan) suma en materia de representación y, sobre todo, en la claridad del mensaje. 

Y a pesar de que es una ficción decente y bien contada, lo anterior no nos impide señalar las imprecisiones y retratos erróneos. Quizá la más evidente es que para interpretar a los protagonistas se apostó por actores cisheterosexuales en lugar de personas parte de la sexodiversidad: ¿de verdad no encontraron ningún actor gay que cumpliera con el perfil? Para complejizar aún más la cuestión, Victor —al igual que Simon— es una representación de la homosexualidad convencional: no incomoda a la heteronorma, es decir, es un adolescente con una expresión de género a la que podemos señalar como convencionalmente masculina. Y si tomamos en consideración que los personajes que tienen una expresión de género que se inclina más hacia lo que se clasifica como femenino cumplen un papel secundario, ya sea como interés amoroso (Bram) o como gurú cómico (Rahim), la producción no sale bien librada. 

A lo anterior tenemos que sumar un discurso que considero problemático y fue mal llevado en la segunda temporada, específicamente en el episodio cinco: más allá de que Victor estuvo a punto de caer en un discurso ridículo y anacrónico sobre que ser homosexual no le impide disfrutar del basquetbol, casi se cae en queer coding hacia los amigos de Benji. Se presenta a los adolescentes hombres heterosexuales como comprensivos y dispuestos a respaldar al protagonista tiñéndose el pelo de rosa, mientras que los amigos de Benji que se burlaron de los deportistas no tienen futuras apariciones y la única impresión que causan en la audiencia cisheterosexual es que la comunidad LGBTTTIQA sólo se burla de ellos. 

Incluso con estos detalles en consideración, la segunda temporada de Love, Victor tiene más aciertos que errores y es una producción más que recomendada para las familias que tienen hijes parte de la sexodiversidad. Y es que en esta ocasión Albertalli apostó por autenticidad al retratar relaciones humanas reales y no idealizadas y logró cerrar todas las historias de amor en el episodio diez con un final más que cardíaco. Esperemos que mantenga el nivel para la tercera temporada y que cada vez más producciones se animen a retratar la sexodiversidad sin estereotipos.  

Gilberto Cornejo Álvarez. Periodista cultural para Crea CuervosEscribo sobre cine, televisión y representación en Los Lunes SeriéfilosEn La libreta de Irma practico el ensayo y la reseña. Amante de la ficción especulativa y las letras LGBT+

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