Escribir es dejar caer el yo: Gabriela Cabezón Cámara


Por Mónica Maristain (Foto: Martín Rosenzveig. Infobae)

Estamos en el Hotel Hilton Midtown, de Guadalajara, donde transcurre la Bienal Vargas Llosa y Gabriela Cabezón Cámara ha sido invitada, junto a otras colegas argentinas como Selva Almada (finalista del concurso) y la sorprendente Dolores Reyes, con su novela Cometierra, en un hecho que nuestra entrevistada caracteriza como que las mujeres “algo hemos ganado”.

Le digo a Gabriela Cabezón Cámara que es posible vivir en el Distrito Federal sin comer picantes. Se lo digo porque a ella le duele el estómago, fruto de comer las delicias de esta cocina sin medir las consecuencias.

Todo es posible aquí. Como que un argentino adicto al pan con mantequilla y a los tallarines con aceite de oliva y ajo respire por unas calles pobladas de violencia y dulzura, porque son esas las dos cosas que sobresalen en México. Se lo digo a esta escritora argentina, que vive en estos días una cuota extra de ansiedad porque Las aventuras de la China Iron forma parte de las once obras extranjeras que aspiran al galardón Médicis, uno de los premios literarios más prestigiosos de Francia.

Gabriela Cabezón Cámara
Foto: Cortesía FIL/BienL

La desquiciada reescritura del Martín Fierro hecha por la autora será ahora película y mientras la productora trabaja con el guión de La virgen cabeza, otra de sus obras, ella rescribe y desescribe su próxima novela, que se sitúa en el siglo XVIII, con el País Vasco, con Argentina. “Pronto me tomaré unos meses para ver si la puedo terminar”, dice.

Las aventuras de la China Iron había resultado finalista del prestigioso premio Booker, que reconoce a la mejor novela traducida al inglés en el Reino Unido, aunque la escritora no es muy amante de hablar de las candidaturas, en un rasgo de carácter al que se obliga “para no pensar y hablar siempre de mí misma”.

Estamos en el Hotel Hilton Midtown, de Guadalajara, donde transcurre la Bienal Vargas Llosa y Gabriela Cabezón Cámara ha sido invitada, junto a otras colegas argentinas como Selva Almada (finalista del concurso) y la sorprendente Dolores Reyes, con su novela Cometierra, en un hecho que nuestra entrevistada caracteriza como que las mujeres “algo hemos ganado”.

Aquí la charla, entre Piglia y Martín Kohan, entre los premios y la cultura popular, realizada a una de las mejores escritoras de Sudamérica y una persona, entre nosotros, genial.

–¿Cómo pasaste del periodismo a la literatura?

–Mi relación con el periodismo fue un poco casual. Entré a trabajar en arte en Clarín, cuando tenía 26 años, estudiaba Letras, siempre quise ser escritora. Nunca hice una investigación verdadera, aunque trataba de apurarme mientras escribía las historias en el momento, para luego poder ir a la fiesta con los demás, he cubierto eventos, pero no creo haber sido una periodista auténtica. Siempre me había sentido escritora y en el medio vendí seguros para automóviles en la calle, cargué datos para una empresa que trabajaba para la generadora de electricidad del país, trabajé en una panadería, donde vendía pan y facturas (panes dulces), trabajé en una imprenta, en un kiosco, aprendí diseño con una novia que tenía y se dedicaba a eso. Menos mal que la primera novia que tuve era diseñadora y no narcotraficante, porque no sé dónde estaría ahora. Tomé lo que había…aunque siempre me sentí escritora…

–En el medio la facultad, que también es disruptiva

–Es un poco áspera, te forma como crítico, no estás en el haciendo sino mirando el objeto, que son actividades distintas. Es un poco modelo para armar la carrera de Letras, me encantaba el griego, me dediqué más a las literaturas, me armé la carrera. La formación en Argentina es que de verdad se creen que vinimos de los barcos. Me interesa mucho las culturas originarias, la literatura latinoamericana, algo que no vemos en la facultad.

–¿Qué mirada tienes sobre los trabajos de los críticos en tu obra?

–En principio me siento afortunada, porque hay unos críticos muy brillantes. Tanto las periodísticos como la de los críticos, pero trato de no estar pendiente, muy autocentrada, pensando todo el tiempo en mi trabajo, porque es malo para mi salud. Tengo que salir de mí, ir a las plantas, a los animales, yo necesito tener afuera el foco de mí. La escritura es el mismo procedimiento, sales de vos, como dice Deleuze, sales de ti mismo y en este encontrarte con la cultura, con la misma vida, en ese encuentro acontece algo. Los que no tenemos hijos tenemos que buscar en otras personas, en otras cosas, lo autocentrado es agotador. Todo yo terminaría tirada por la ventana.

Gabriela Cabezón Cámara
Foto: Cortesía FIL/BIENAL

–Tu literatura también podría ser vendida en los kioscos

–Me encantaría. Yo trabajo mucho para que haya muchos niveles de lectura. Me importa mucho que la gente que no fue a la facultad pueda leer mis libros. Yo soy la primera en esa gente, porque en mi familia, la primera que pudo terminar la secundaria soy yo. Mis viejos, sexto grado y mis abuelos, segundo. Me importa que la gente me entienda. Las aventuras de la China Iron, de todos modos, es un recorrido por la tradición de la literatura argentina, desde Bartolomé Hidalgo hasta Martín Kohan. Es muy fuerte el trabajo y el amor que hay en ese libro, hay un montón de cosas, pero si no entiendes todo eso, la vas a poder entender igual. No me gusta el elitismo. Si te fijas en la Virgen Cabeza, está Petrarca, Odisea en la estructura, Iliada en muchos lugares, hay literatura gauchesca, hay mucho Siglo de Oro, están las dos cosas y me preocupa que sea así. En nuestros países es un privilegio estudiar y leer. Vas circulando por distintos mundos. Me fascinan mucho las variedades de la lengua en Latinoamérica y eso lo estoy disfrutando gracias a tantos viajes. De hecho, me vendieron en los kioscos, el periódico Página 12 sacó dos libros míos, a pocos pesos, lo podía comprar cualquiera.

–Nombraste a Martín Kohan, que es un autor un poco diferente a ti

–No lo sé. A Martín lo puede leer todo el mundo. Hay historias en sus libros, la de los fotógrafos pederastas, la de los cautivos. Kohan se mete en el género. Empieza a escribir una novela sin género y sobre la mitad se mete en una novela policial.

–Como Ricardo Piglia

–Claro, Piglia hizo novelas muy populares, como Plata quemada, que hizo estallar el mundo.

–¿De qué autores te sientes cerca?

–Me siento cerca de una autora que descubrí recientemente, de Libertad Demitrópulos. Cómo ningunearon a esas mujeres, es inexplicable. Estoy fascinada con ella. A Jorge Luis Borges, a Juanele, a Sara Gallardo…siento mucha afinidad con Selva Almada, a pesar de que tenemos bastante distancia. Ella tiende a ser minimalista, yo, barroca, son literaturas que están pensando en la lengua y en la poesía. Me parece que ahí hay una cosa en común. La lengua tiene relieves, sonidos, los sonidos concatenados hacen música o podrían hacerla, escribir es dejar caer bastante el yo y en general sucede cosas que uno no había previsto. Por eso los libros son más interesantes que las personas. Cuando escribes y te dejas atravesar, aparecen cosas que no es uno. La cosa de entregarse a la literatura es entregarse a lo otro. Lo otro aparece y es mucho más copado que uno.

–¿Qué sientes con respecto al Premio Médici?

–Me encantaría ganar, obviamente. Trato de pensar en otra cosa porque si no me da ansiedad. Tengo que no estar pendiente del centro de mí misma. Soy una persona solitaria, viví sola casi toda mi vida y para sobrevivir a eso necesito ir al otro. Soy muy distraída, tengo accidentes todo el tiempo, tengo que estar presente todo el tiempo.

–¿Qué te produce estar en la Bienal Vargas Llosa?

–Siento que nos cuesta mucho, que con las mujeres siempre es más difícil, siempre tienes que dar el doble para obtener lo mismo, no sé si esto mejorará para nuestras hijas y nietas. Las mujeres hemos demostrado sobradamente que escribimos bien que cualquiera de otros géneros y ya no tenemos que participar más en mesas como Literatura y mujeres. Vamos conquistando lugares, muchos tipos son muy conservadores y se asustan, creen que esos son espacios suyos, proponer una literatura universal hecha por los blancos y los hombres, nos obliga a pensar qué es todo lo que está excluido. Esa es una visión colonial, espeluznante, si tienes esa visión me parece bien, pero no seremos amigos.

–¿Qué viene ahora?

–Bueno, estoy escribiendo sobre una novela que transcurre en el siglo XVIII, entre el País Vasco y a frontera atlántica de nuestro país y vamos a ver qué sale.

Publicado originalmente en Maremoto Maristain:

https://monicamaristain.com/escribir-es-dejar-caer-bastante-el-yo-gabriela-cabezon-camara/?fbclid=IwAR3RwcfA37aP0xpgEMnX032uqZgM9AibbpWYLZv11n1Ms2opjRTSANwfMlk

Mónica Maristain. Nació en Argentina. Desde el 2000 reside en México. Estudió en la Universidad de Filosofía y Letras. En Argentina dirigió las revistas Cuerpo & Mente en Deportes y La Contumancia. Aquí dirigió la revista Playboy, para todo Latinoamérica. Fue editora del Universal y editora de Puntos y Comas. Ha publicado muchos libros, entre ellos los de poesía: Drinking Thelonious y Antes. Los dedicados a Roberto Bolaño, entre ellos El hijo de Mister Playa. Prepara su libro sobre Daniel Sada: el hombre que sabía bailar.

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