La medianoche de Francisco Tario


Por Concha Moreno

Un autor mexicano del siglo XX que vivía en el XIX. Eso era Francisco Tario. Supervivencia: rehusarse a vivir, pero no morir. Para Tario eso era escribir. Se agarró de la literatura como quien se sujeta de la última raíz de un árbol moribundo.

Mercurial, Tario era un personaje: el verdadero yo de Francisco Peláez, quien en vida no fue reconocido nunca como un autor importante. Eso no lo detuvo, publicó y publicó para una raleada fanaticada que lo leía con entusiasmo. Su obra sobre todo es de cuentos y fue un maestro; son cuentos que firmaría un poeta tuberculoso en su buhardilla. Leer La noche es un acierto para cualquier escritor novel que quiera ir haciendo sus pininos en el arte de ser breve.

No sabía qué esperar de Tario la primera vez que me senté a leerlo. Sabía, pues, que era uno de los malditos, uno de los oscuros, conocido por ser desconocido. Hace unos meses me merqué sus cuentos completos porque era mi cumpleaños y porque me dio la gana. También quería que me sorprendieran: llevo un buen tiempo decepcionada de la literatura en español, siento que los autores de mi lengua no tienen gran cosa que decir, o si la tienen, la dicen de tal manera que nadie les entienda. No me gusta la «vocación de estilo» de los escritores mexicanos, me caen gordos. Creo que las cabrerías y florituras solo se las perdono a Enrique Serna y a Fernando del Paso.

Pensé, sinceramente, que con Tario toparía con pared. Que no me iba a gustar. Me acerqué con reservas, pues, las reservas de quien ya no cree en ¿qué? Pero compré los cuentos completos, los dioses saben que soy una compradora impulsiva. Y tenía que leerlos.

Comencé con una belleza llamada «La noche del perro», una historia contada desde el punto de vista de un perro que muere de amor por un dueño cruel, pobre y poeta. Y de ahí no paré. Me leí todos los cuentos de La noche.

Foto de Lola Álvarez Bravo

Se podría decir que Tario añoraba las ciudades, esos puntos de encuentro entre seres solitarios, peculiares y aislados entre multitudes. Pero hay algo más: Tario fue un inventor de panoramas. En sus cuentos el hábitat tiene mucho de destino: la noches de La noche–una serie de cuentos que suceden todos en la noche–están llenas de espacios y guiños a lugares que van definiendo el rumbo de sus protagonistas. Francisco Tario, cartógrafo tarotista.

A Tario hay que leerlo sin pensar en el final. Aunque es un narrador vertiginoso, Tario es muy disfrutable sin prisas. Y ese uno de mis piropos más serios: leer sin querer pasar páginas a velocidad no es mi estilo, yo siempre quiero volar por los libros. Tario me pareció un whisky de una sola malta de esos que se toman con los amigos verdaderos. Tario, sé mi amigo.

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