Lidiar con fantasmas: La dimensión desconocida, de Nona Fernández


Por Concha Moreno

Foto de portada: lafuente.cl

La semana pasada se entregó el National Book Award, el premio literario más importante de Estados Unidos (rivaliza con el Pulitzer) y uno de los más prestigiosos del mundo. El premio se lo han llevado bestias sagradas como Philip Roth o William Faulkner, y nuevas voces emergentes como Jesmyn Ward y Louise Erdrich. El galardón se otorga al ensayo, reportaje o crónica (la «no-fiction»), obras traducidas, la poesía y da unos reconocimientos especiales a escritores consagrados por su trayectoria. Pero es sin duda el de narrativa el que se lleva los reflectores.

Al premio se le puede acusar de varias cosas: es demasiado blanco, casi no ha premiado a mujeres, le faltan ganadores más jóvenes. Las controversias sobre la falta de diversidad de su jurado han cesado en la última década pues han incluido a críticos de diversos orígenes en el pánel. Como sea, revisar la lista de finalistas de cada año hace una buena lista de recomendaciones de libros para pasar la Navidad leyendo.

Este año era especialmente interesante para la literatura latinoamericana porque en la categoría de literatura traducida había una nominada chilena: Nona Fernández, con su novela La dimensión desconocida. Aunque no ganó, hay que hablar de esa gran novela. Grande, grande en sus pocas páginas.

Nacida en 1971, Nona Fernández creció con el pinochetismo en toda forma rigiendo su vida. En la secundaria ella y sus compañeros pasaban de mano en mano noticias del otro lado de la trinchera: al hermano de José lo detuvieron, a María también la detuvieron y no se sabe nada más. A aquella muchacha le embetunaron el cuerpo de mierda y la torturaron. Sobrevivió quién sabe cómo.

En La dimensión desconocida Fernández revive esa época juntando literatura con memoria, crónica con ficción. Toma el título de la seria definitiva del suspenso The Twilight Zone, que Fernández veía de niña en las tardes. Enterarse de los actos del pinochetismo es como entrar a esa zona desconocida en la que muchas vidas se apagaron como quien apaga la luz de un cuarto vacío.

«Yo torturé». En esas dos palabrejas cabe un horror. Un soldado asqueado se lanza a la búsqueda de la redacción de la revista Cauce para soltar al diablo que no lo deja vivir. Él torturó, mató, atestiguó ejecuciones, sabe que muchos de los desaparecidos a los que sus familias buscan sin cesar están muertos, llenados de cal y enterrados en socavones.

La novela sigue las declaraciones del militar para tratar de encontrarle sentido (o por lo menos, dar descanso a la memoria) a esos tiempos tristes, violentos, absurdos. La voz narrativa, que puede ser fácilmente la propia Nona, recorre el Museo de la Memoria y los Derechos Humanos y ve en sus paredes las fotos de los miles de desaparecidos y muertos de la dictadura. La sensación debería ser la indignación, y sin duda quien narra lo sabe, pero su verdadero sentimiento es la dislocación acompañada por la curiosidad, el desconcierto.

La FIL de Guadalajara otorgó a Nona Fernández el Premio Sor Juana Inés de la Cruz en 2017. Foto: David Valdovinos

La novela es una obligación para cualquier latinoamericano, tan importante como Estrella distante de Roberto Bolaño, Operación masacre de Rodolfo Walsh o Guerra en el paraíso del mexicano Carlos Montemayor. Tenemos que hacer estómago contra las dictaduras y saber que nunca estamos tan lejas de ellas, por más (anti)monumentos y museos que construyan los poderes del momento.

Y no deja de ser notable que la novela de Nona Fernández llegue de manera triunfal a lectores angloparlantes de todo el mundo a través de la mención en el National Book Award. Hubo en la dictaduras latinoamericanas del siglo pasado una complicidad estadounidense, pero a los estadounidenses esa información les pasa por encima de la cabeza. Los gringos leen más de lo que queremos darles crédito, ojalá en manos de muchos caiga La dimensión desconocida, siquiera para que sepan qué fue de su amigo Pinochet.

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