La travesía insólita de un cadáver santo


Por Irma Gallo

A principios de 2019, cuando ignorábamos la pandemia que nos iba a caer, Luis Felipe Fabre, el poeta, narrador y ensayista que ya había hecho nuestras delicias con Escribir con caca (Sexto Piso, 2017), un delicioso ensayo sobre Salvador Novo, publicó Declaración de las canciones oscuras, una novela en la que el leit motiv es el traslado del cuerpo de fray (todavía no san) Juan de la Cruz desde un convento en Úbeda, donde falleció, hasta los brazos de Teresa Sánchez de Cepeda y Ahumada, o mejor dicho, Ester, “la nieta e hija de conversos”, que está convencida que el cuerpo entero le pertenece sólo a ella porque el santo, cuando todavía no lo era, le declaró su amor con sus letras.

Con el poema “Noche oscura del alma”, del fraile nacido en Fontiveros, como eje dramático, Fabre (Ciudad de México, 1974) teje una aventura quijotesca en la que resuenan ecos de otras tradiciones, por ejemplo, la de Filomela, la princesa a la que Tereo, rey se Tracia, violó y luego cortó la lengua para que no lo pudiera denunciar. Pero en la novela que nos ocupa, Filomela, transmutada en pastora por la pluma de Luis Felipe Fabre, intenta vengar su aciago destino mordiendo la lengua de Diego, uno de los dos hombres que viajan con el alguacil (el otro es Ferrán) para cumplir la tarea de llevar el cuerpo de fray Juan de la Cruz a su destino final. Finalmente, Diego es separado de Filomela antes de que ella lo deje, a su vez, sin lengua.

Foto: Hay Festival

Con el cadáver mutilado del fraile poeta -porque en Úbeda los frailes exigieron que les dejaran al menos un brazo de su compañero venerado a modo de reliquia-, el trayecto de los tres hombres no es fácil. Y más aún cuando el cuerpo (el vivo, el de ellos) aún exige los placeres de la carne: el vino, la comida, las mujeres. Después de una bacanal digna de Dionisio, ya habiendo retomado el camino, aparece un ciego amador -cuyo objeto de amor es precisamente fray Juan- y de pronto el cadáver desaparece en la noche oscura, como la de su poema.

La destreza narrativa de Luis Felipe Fabre nos transporta a agosto de 1592, a esa habla que ha llegado hasta nosotros gracias a la poesía de los místicos, a esos caminos agrestes y oscuros, con sus conventos plenos de secretos, con sus tavernas y posadas en las que el vino barato corría a raudales y las pasiones de la carne poco tenían que ver con la poesía de quien fundó la orden de los carmelitas descalzos, ¿o será más bien que “y vámonos a ver en tu hermosura” tenía menos que ver con la vida eterna y más con la vida terrena, cuando el cuerpo aún anhela?

CODA: ese lejanísimo 2019, Declaración de las noches oscuras ganó el Premio Iberoamericano de Novela Elena Poniatowska, que le entregó la periodista y escritora en febrero de 2020, poco antes de que la pandemia por COVID19 nos confinara. Es probable que detrás de esa fortuna estuviera la mano de fray Juan de la Cruz, el poeta ya devenido en santo.

Foto: Maremoto Maristain

Deja una respuesta

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s