Réquiem por los libros perdidos


Por Concha Moreno

Era un jueves en la noche. Acababa de asistir a una clase en la que discutimos Y Matarazo no llamó, de Elena Garro, una novela sobre la oscuridad del poder y cómo el control de nuestras vidas está completamente en manos de los que detentan la violencia. Eso de que la guerra es potestad del Estado, el único con el monopolio de la violencia, es tan falso como mi fe en Dios: en un país como el nuestro hay poderes más allá de lo lícito que nos tienen de rodillas. Desgraciadamente acabo de ser víctima de esos poderes, los de la delincuencia.

Era jueves, les decía. Había llovido. Fuimos por unos tacos y mientras cenábamos en nuestra inocencia taquera, sucedió: nos cayó la rata. Se llevó mi mochila y mi sensación de que nada pasa en la Del Valle, tan bien gobernada (jaja, etcétera) por las autoridades panistas de la alcaldía Benito Juárez.

Tremenda decepción que se ha de haber llevado el ladrón al darse cuenta de que solo llevaba libros. Cuatro libros, para ser más precisa: Lavinia, de Ursula K. Le Guin; Mad, Bad, Dangerous to Know y The Master, ambos del Colm Tóibín; y las novelas recogidas de Elena Garro. Adiós, libritos queridos.

Este robo me hizo pensar en los libros que se pierden. Los que se quedaron en el taxi, los olvidados en el metro, los que nos robaron o los que no nos devolvieron. ¿Se les ocurren algunos títulos? yo perdí en la estación Guerrero mi ejemplar de El castillo de Otranto, la novela de Horace Walpole que inauguró la literatura gótica en el siglo XVIII. Era una edición de la editorial Tomo, un clásico de todos los que andamos en el metro y somos pobres. A la fecha sigo sin saber el final porque la edición de Tomo está agotada.

¿Cuál será el libro más perdido de la historia? Imagino algo así como Cien años de soledad (libro que mi mamá dejó abandonado en un Vips) o ¿la Biblia? (Bueno, quién diablos sale de casa con una Biblia, ¿verdad?). Hay libros los que uno querría deshacerse porque son aburridos o ilegibles. Me pasó con Inherent Vice, de Thomas Pynchon, libro que solo compré para ver si entendía a modo cabal la adaptación al cine de Paul Thomas Anderson. Misión imposible. Con razón Pynchon es un enigma, me pareció completamente ininteligible. ¿Qué le ven los críticos a Pynchon? Me parece otro misterio junto con el de su fanaticada tan apasionada.

También hay otro tipo de pérdida, la que experimentan los escritores cuando les rechazan un manuscrito y su corazón se hunde de tal manera que lo abandonan. El francés David Foenkinos tiene una novela preciosa, La biblioteca de los libros rechazados, sobre un lugar que guarda todos los libros que nunca se publicaron. En ella, una joven editora se encuentra un libro perdido que decide publicar y se convierte en un best-seller. Eso lleva a un furor editorial por los libros rechazados y a una búsqueda detectivesca por el autor de aquel libro. Muy divertida novela, fue llevada la cine hace un par de años, pero recomiendo con entusiasmo leer el libro antes, no hay mejor tiempo invertido que el que usa leyendo una de esas novelas que se leen de una sentada. No se la pierdan, como decimos cuando algo es recomendable. Ahora yo les digo: no la pierdan, y si la pierden, escríbanle una nota de despedida.

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