Animales que acompañan la furia y el camino


Por Irma Gallo

(Texto leído en la charla con el autor, Jeremías Gamboa, en el Hay Festival Querétaro 2022)

De esas maravillosas casualidades que a veces tiene la vida, leí Animales Luminosos cuando estaba viviendo una corta temporada en Estados Unidos, concretamente en California. Salía de trabajar, tomaba el bus hasta un pequeño mall y de ahí caminaba a la casa en que me hospedaron. Durante todos estos trayectos, la novela de Jeremías Gamboa me acompañó desde el celular —odio leer así pero dadas las circunstancias que acabo de explicar no podía ser de otro modo: todavía no estaba en librerías el ejemplar de papel cuando me fui de México—.

El caso es que me encontré, desde mi propia extrañeza como extranjera en un lugar en el que siempre había deseado vivir, con la historia de un protagonista latinoamericano como yo —él, peruano; yo, mexicana—, que no deja de sentirse ajeno en ese país, al que las películas y series nos han vendido como el paraíso. Leer en el celular solo aumentó esta sensación de extrañeza; discúlpenme no soy nativa digital.

Jeremías Gamboa.

Bueno, pero mi historia solo es interesante hasta este punto: regresé a México y aquí estoy. El protagonista de Animales luminosos, en cambio, transita desde la dificultad de crear lazos amistosos y, todavía más, amorosos, a la aceptación de la incomodidad que le produce su origen, hasta comprobar con asombro cómo sus compañeros estadounidenses romantizan Latinoamérica por lo que han leído. Es la misma región, con su violencia, su clasismo y su racismo, su falta de oportunidades de desarrollo, de la que él ha salido huyendo, pero para estos estudiantes de Literatura Latinoamericana en Boulder, Colorado, es casi el paraíso. O por lo menos, el paraíso para el sexo con mujeres a las que ven como exóticas.

El protagonista, que hasta casi el final de la novela sabremos que se llama Ismael, se da cuenta al mismo tiempo de que, a pesar de sus orígenes tan distintos, de la barrera del idioma y de que él tiene cerca de 10 años más que sus compañeros, sus conflictos amorosos no son tan diferentes de los de los otros.

Esta búsqueda de la identidad, en la que el amor se insinúa, finalmente, como una posibilidad, y la oscuridad es aliada y al mismo tiempo cobijo de las bestias de la montaña y los monstruos del pasado, durará lo que dura una noche… Después, quién sabe qué sucederá con él.

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