Noticias desde el desempleo: sobre El muelle de Ouistreham


Por Concha Moreno

No quiero ser la heraldo de las malas noticias, pero estamos a las puertas de una recesión. Es una de las consecuencias de la pandemia: la producción mundial y el consumo se ralentizaron, el PIB de muchos países cayó y los conflictos políticos del mundo— en particular la guerra inventada por Putin— provocaron un caos económico con el que ahora tendremos que lidiar globalmente.

No es que seamos nuevos en esto de la crisis, los latinoamericanos crecimos con dos traumas: los golpes de Estado y las crisis económicas. El filósofo mexicano Chico Ché les puso a su banda La crisis porque sabía que nada más latinoamericano que lamerse las heridas con una sonrisa.

Hace no tanto de nuestra última recesión global. En el periodo de 2007 a 2012 no la pasamos nada bien. Europa y Estados Unidos reportaron una tasa de desempleo no vista en décadas. España, por ejemplo, reportó en 2008 un desempleo del 20% de la fuerza laboral, una barbaridad. El pico más alto fue de casi el 25% en 2012; una cuarta parte de la gente que buscó empleo no lo encontró. Una catástrofe.

En Europa surgió el términos de los «mileuristas», aquellos que sobreviven con el pago del seguro de desempleo que alcanza apenas los mil euros. Desde acá suena a mucho dinero, pero allá apenas alcanza para hacer el súper y pagar la renta, nada de ahorro. Por lo general los mileuristas son jóvenes, con educación al menos media superior y cara de no querer tener hijos nunca jamás.

La cosa es que, sabrán los dioses cómo, sobrevivimos.

Los periodistas tienen que aventarse a contar las historias difíciles y una de ellas fue, precisamente, las crisis económicas. Florence Aubenas, periodista francesa multipremiada y dueña de un arrojo de heroína de Jane Austen, decidió lanzarse a escribir una crónica del desempleo francés.

Aubenas se armó un personaje: se mudó a la pequeña ciudad de Caen, se inventó un matrimonio fallido y un currículum vitae en el que no hay ningún empleo desde hace 20 años. Anotada en la oficina de desempleo de Caen, Aubenas experimentó el galimatías que significó buscar trabajo para personas no calificadas, las más afectadas siempre por la recesiones.

El muelle de Ouistreham (Anagrama) es el resultado de ese chapuzón en la historia.

Opinión impopular: no me gusta ese periodismo del impostor. Hay varios intentos en la historia del periodismo de querer ponerse en los pies del sufriente. Vestirse del turco en Alemania, el negro en el sur de Estados Unidos, la mujer en Irán, un modo egocéntrico de atajar los grandes temas. No sé, Rick, parece falso.

Florence Aubenas. Foto: Wikimedia commons

Eso de disfrazarse de, por ejemplo, migrante en Tijuana para contar el sufrimiento de los que migran en primera persona me parece de lo más truculento y tramposo. Truculento porque pinta a los personajes como meros recursos narrativos que no pueden contar su historia por ellos mismos; hace falta un periodista que «viva el horror»: paparruchas de reporteros que se piensan redentores de los caídos.

Y tramposo porque un migrante o el desempleado no tienen un plan b, pero el periodista sí: en cuanto se ponga la situación difícil, venga, una llamada al editor y está fuera. Digamos que no hay editor, que se trata una misión suicida-que-no-lo-es-tanto: es casi seguro que el cronista sí tenga una plan de escape como cierto ahorro en el banco o una casa en otro lugar en la que puede refugiarse. Les digo que no soy nada fan.

Dicho lo anterior, El muelle de Ouistreham es una crónica de lo más divertida. Primero, porque la cronista tiene que mantenerse todo el tiempo en personaje y a veces se le olvida el guion. No puede tomar notas, evidentemente, así que todo se basa en su memoria y su capacidad de observación. Otra razón: porque en Francia está tan bien el tinglado que hasta las personas con menos capacitación puede tomar un curso para prepararse. Aubenas, con ese currículum tan vacío, es asignada por el servicio de desempleo al trabajo de limpieza y la mandan a tomar cursos para saber barrer, limpiar un baño y usar la fregona eléctrica, un aparato que a todos intimida.

Emmanuel Carrère adaptó el libro de Aubenas al cine. Juliette Binoche es la protagonista de su película En un muelle de Normandía

Los empleos que consigue son de lo más precarios: dos horas limpiando un laboratorio, una hora en un restaurante. El dinero apenas alcanza, aunque el tiempo libre es mucho. Florence conoce a gente de lo más peculiar que va de chamba en chamba y nunca echa raíces. Son una forma de forajidos de la recesión.

Todos en Caen le dicen lo mismo: no te vayas a trabajar a el muelle de Ouistreham, es el infierno. Y claro que la reportera se busca un empleo en el muelle. Acá se pone buena la historia porque Aubenas consigue contar las pequeñas anécdotas del día a día de las mujeres (casi siempre son mujeres) con las que se encuentra haciendo la limpieza en una crucero de segunda clase en Ouistreham. Les contaría más pero acá en La libreta tenemos una estricta política de no spoilers.

Yo que ustedes lo buscaba por ahí, inclusive si son desempleados como yo, porque, albricias, es un libro de Anagrama que no es caro. Es un modo de entretenerse en lo que se nos viene la noche de otra crisis económica.

Un comentario Agrega el tuyo

  1. tecguenda dice:

    Eso de la guerra inventada por Putin debería agregarse también por la OTAN para ser mas precisos y congruentes con ls verdad y Ucrania su presidente no dejan de ser títeres de EEUU sin que esto pretenda darle la razón a Rusia, ninguna guerra es humana

    Enviado desde mi iPhone Atento saludo, ~ Gustavo Toledo Santiago

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