Anaïs Nin: ave de fuego insaciable


Por Irma Gallo Es fácil imaginar lo que provocaba a los hombres con tan sólo mirarla: con esa piel blanca que casi lastima la vista desde un retrato casi sepia; con los ojos redondos, separados, pequeños pero expresivos, los delgados labios muy rojos y el cabello de un negro absoluto. Delgada, menuda, una breve figura…