Por Irma Gallo

Los orígenes…

El miedo es un recurso de supervivencia para el ser humano. Desde sus inicios, el cine ha capitalizado este sentimiento, creando un género que nos ha dictado lo que debemos temer, y modificando el objeto de nuestro miedo con el paso del tiempo.

Alberto Chimal traza los orígenes del cine de terror en la literatura fantástica.

“El cine, y sobre todo el cine de terror, le debe todo a la literatura, no en cuanto a lenguaje propio del cine, que es obviamente una cosa distinta, pero por un lado, todas estas nociones de lo que está más allá de los límites, de lo que está más allá de la comprensión, vinieron primero de la literatura, de la literatura romántica, ¿no?”

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Para José Antonio Valdés, investigador, guionista y crítico cinematográfico, la tradición oral juega un papel predominante en el surgimiento de este género

“La otra parte es la parte de los mitos, la leyenda, la tradición oral. Por ejemplo, del hombre lobo no hay una novela pero sí hay una tradición, sobre todo europea, de este mito. O por ejemplo el mito del Golem, el mito del vampiro, que ya son más del centro de Europa”.

En 1896, dos años después del invento del cinematógrafo, los hermanos Lumière filmaron la llegada de un tren. Nunca imaginaron que esta sencilla escena despertaría los más grandes temores del público que, por primera vez, vivía la experiencia como si el vehículo estuviera a punto de atropellarlo.

Así describe Alberto Chimal la vivencia de ir a una sala de cine:

“Esta experiencia como hipnótica de concentrar toda la atención en la atención en la pantalla es muy apropiada, pienso yo, para sumergirnos en esta inquietud y en esta inquietud y en estas incógnitas acerca del más allá”.

cinematógrafo-hermanos-lumiere-publicidad.jpgDécadas después, cuando el cine era ya una floreciente industria en constante evolución, empezó a consolidarse un género que demostraría ser altamente rentable. En estos primeros años, cineastas como Fritz Lang, Paul Wegener, James Whale, Ted Browning y Friedrich Wilheim Murnau exploraron los más oscuros temores del ser humano con películas como El testamento del Dr. Mabuse, El Golem, Frankestein, Freaks y Nosferatu, el vampiro.

José Antonio Valdés afirma que:

“Y como el cine de horror, de alguna forma lo que explota son los miedos, por ejemplo, el miedo a una epidemia verdaderamente terrible, el miedo a la tecnología, el miedo al paso del tiempo, al envejecimiento, pero bueno, de ahí también ya ha ido abrevando y ha sacado nuevas propuestas”.

Los grandes actores del cine de terror

1929. Después del desplome de la bolsa de valores de Nueva York el 24 de octubre, Estados Unidos se precipita a una crisis económica de proporciones nunca antes vistas. El crack o la gran depresión, provoca la quiebra de numerosas empresas y un aumento exponencial del desempleo. En medio de este ambiente de tensión social, Universal Pictures decide hacer negocio del miedo.

José Antonio Valdés destaca esta época como clave para el surgimiento del género.

“Con este miedo social, entonces universal, calculando un poco el territorio de riesgo dice: “Bueno, vamos a hacer una serie de monstruos y vamos a tratar de explotar a la casa de enfrente; vamos a aprovechar este clima de conflicto social para espantarlos”, que en este caso puede ser la Metro Goldwyn Mayer o la Warner Bros.

1931 sería un año clave para Universal. El lanzamiento de dos películas: Frankenstein, de James Whale, y Drácula, de Tod Browning, significaría la consolidación de un género y el nacimiento de dos estrellas cuyas carreras terminarían en el estancamiento y en la tragedia.

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Bela Lugosi y Helen Chandler en Drácula, de Tod Browning (1931)

“En el caso de Bela Lugosi, en el caso de Boris Karloff, los dos eran actores de teatro”, apunta Valdés.

“Y de repente llegan a Estados Unidos, los dos emigrantes: Karloff viene de Inglaterra, Bela Lugosi viene también de Inglaterra pero tiene todo un pasado en París y en Hungría, y de repente llegan a un estudio muy chiquito”.

Cuando Bela Lugosi rechazó el papel del monstruo en la cinta Frankenstein de James Whale, Boris Karloff no tuvo reparo en interpretar el personaje, que no tenía ningún diálogo, y que además debía aparecer con el rostro totalmente cubierto por una máscara elaborada por el legendario maquillista Jack Pierce. Lugosi, por su parte, selló su destino al interpretar a Drácula en la cinta del mismo nombre. Ambos harían otros papeles a lo largo de su vida, pero el público los encasillaría para siempre, frenando sus carreras artísticas.

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Boris Karloff como el monstruo en la película Bride of Frankenstein (1935).

“Estos actores, que eran actores muy serios, eran actores de de carácter, de repente se vuelven figuras mundialmente reconocidas por interpretar a los monstruos: tanto Bela Lugosi, como Drácula, como Boris Karloff, que siempre decían que era injusto ver a Karloff debajo del maquillaje de Frankenstein porque era realmente un muy buen actor”, continúa José Antonio Valdés.

“El caso de Boris Karloff fue muy triste porque él hubiera querido interpretar Shakespeare, o Casa de muñecas de Ibsen. Era un actor de mucho carácter y de repente la propia industria lo encasilla y después de la época gloriosa de Universal, pues lo ves por aquí, por allá, haciendo papelitos”.

Para Bela Lugosi fue más trágico, advierte el crítico de cine, “porque empieza a enloquecer entre la morfina y el desempleo, el abandono de su familia, y acaba por creer que él es Dracula”.

Alfred Hitchcock o el terror psicológico

Conocido como el maestro del suspenso, Alfred Hitchcock llevó el terror a un terreno poco explorado en el cine: la mente humana.

José Antonio Valdés sitúa la cúspide del terror psicológico de Hitchcock en Psicosis (1960).

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Alfred Hitchcock

Psicosis es una película sobre lo oculto, sobre los lobos con piel de oveja, sobre la miseria moral de Estados Unidos en un momento en el que todavía la violencia no explota a los niveles que va a explotar”.

Con Psicosis los espectadores descubrieron que el vecino de al lado puede ser capaz de los actos más abominables. El rostro del monstruo se había transformado.

Continúa Valdés:

“La novela original de Robert Bloch está inspirada en el caso de Ed Gain, que ha dado pie a muchas películas más”.

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Janet Leigh en Psicosis (1962)

Otra película inspirada en este personaje, que le quitaba la piel a sus víctimas para hacer lámparas, sillas y hasta confeccionar prendas que él mismo usaba, fue El silencio de los inocentes, de Jonathan Demme (1991).

“Una maravilla de la adaptación es que Hitchcock encontró un actor como Anthony Perkins que te da la imagen del chavo norteamericano de los sesenta. Sí está medio locochón pero aparentemente no pasa de ahí”, concluye Valdés Peña.

La naturaleza se vuelve en contra del hombre. Sin que el espectador sepa la razón de los ataques, como en aquella lejana visión de un tren que parecía que se iba a salir de la pantalla, el terror se apodera del público con las parvadas furiosas que Hitchcock retrata en  Los pájaros (1963).

Una característica de este film es que, haciendo honor al género, el terror se encuentra en lo anormal, versus lo normal.

Los pájaros es una película mucho más genérica”, apunta. “O sea, la base del cine de terror es: lo normal es amenazado por lo anormal”.

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Tippi Hedren en Los pájaros

Los pájaros tiene también un fuerte contenido sexual, según José Antonio Valdés.

“Cada vez que el personaje de Tippi Hedren, que es esta chica frívola y millonaria que se enamora, bueno dizque se enamora del personaje pueblerino que hace Rod Taylor, cada vez que se acercan físicamente, los ataques de los pájaros son más brutales”.

El asesino en serie

Mauricio Matamoros, investigador cinematográfico, no tiene la menor duda:

“El asesino en serie es como el Frankenstein de nuestra era”.

Desde la versión cinematográfica de Richard Brooks a la novela de Truman Capote, A sangre fría, hasta la escalofriante caracterización de Charlize Theron de la asesina en serie Aileen Wuornos, en Monster, de Patty Jenkins, el cine se ha poblado de estos nuevos monstruos que parecen decirnos que hoy lo más atemorizante proviene de nosotros mismos.

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Charlize Theron en Monster (2003)

El cine ha contribuido a consolidar el mito de uno de los asesinos en serie más misteriosos de la historia con diversas versiones, pero una de las más impresionantes es From hell, basada en la novela gráfica de Alan Moore.

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From Hell, de Alan Moore

“Jack el destripador es un personaje que ya han abordado varios autores, y es muy interesante porque a pesar de que no se sabe a ciencia cierta cuál es su rostro, hay varias hipótesis… Es un personaje que viene de la historia real”.

En 1988 Alan Moore realizó una reconstrucción histórica del caso para conmemorar el primer centenario de la aparición de Jack el Destripador.

“A decir de Alan Moore, este suceso precipitó el siglo XX, o sea, este caso tiene todos los elementos que posteriormente veríamos en el siglo XX”.

Para Roberto Coria, creador del podcast Testigos del crimen:

“El monstruo, de ser un ser atemorizante, terrible, objeto de todas nuestras pesadillas, ha ido trastocándose poco a poco hasta convertirse en un moderno anti héroe fascinante y atractivo. Pensemos, por ejemplo, en Hannibal Lecter”.

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Woody Harrelson y Juliette Lewis en Natural Born Killers, de Oliver Stone (1994).

Si Hannibal Lecter volvió célebre a Anthony Hopkins, Mickey y Mallory Knox hicieron lo propio con Woody Harrelson y Juliette Lewis. La singular pareja de amantes que trazaba con sangre su recorrido por las carreteras de Norteamérica en la cinta de Oliver Stone, Natural born killers, despertó más admiradores que si se tratara de estrellas de rock.

Mauricio Matamoros analiza las razones del impacto de esta cinta en los jóvenes.

“Ahí vemos una crítica muy fuerte al sistema mediático, y por supuesto, a partir de él, también a la sociedad, una sociedad que alimenta a sus propios monstruos, y que los alimenta porque es lo que necesita aparentemente, es lo que le gusta aplaudir, es lo que le gusta ver en televisión”.

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Regina Orozco y Daniel Giménez Cacho en Profundo Carmesí (1996).

Latinoamérica también ha llevado a sus pantallas al asesino en serie. En Profundo carmesí, de 1996, Arturo Ripstein nos transportó por las carreteras del México de los cuarenta con la sangrienta historia de amor de Coral y Nicolás, una pareja de amantes asesinos, inspirada en la cinta norteamericana Honeymoon killers.

Basada en la novela de Mario Mendoza, en 2007 el colombiano Andi Baiz llevó a la pantalla Satanás, la historia de un profesor universitario que en una jornada de locura asesina a su madre, a una alumna y a más de 20 personas en un restaurant de Bogotá.

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Damián Alcázar como Eliseo en la película de Andi Baiz

Para Roberto Coria el secreto de la atracción que el asesino en serie ejerce sobre nosotros es muy claro:

“El monstruo más terrible es el que puede vivir al lado de nuestra casa; el que se parece a ti o el que se parece a mí”.

La epidemia

Para Mauricio Ortiz, psiquiatra y editor, “La enfermedad ha sido un favorito del celuloide, creo que básicamente de cuatro maneras: la enfermedad mental, la enfermedad terminal, la enfermedad rara y las epidemias. Todas explotan el temor biológico”.

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La amenaza de Andromeda (1971)

“Es curioso ver que además”, continúa Ortiz, “hay una relación que se ha explotado mucho  entre la epidemia y la amenaza extraterrestre. Muchas veces la amenaza extraterrestre toma la forma de una epidemia en la tierra. Creo que el ejemplo paradigmático es esta película de 1971, que es La amenaza de Andromeda, donde un satélite cae en Nuevo México y trae algún microbio que se convierte de inmediato en una contingencia sanitaria”.

En 1971, cuando Robert Wise llevó a la pantalla la novela de Michael Crichton, en la que un solo un niño y un anciano sobreviven al ataque de un misterioso virus traído del espacio, el cine encontró una nueva veta para explotar el miedo del ser humano.

Según Mauricio Ortiz, “De ahí se han derivado toneladas de películas que explotan ese mismo temor generalizado a una amenaza que no se ve, que no se huele, no sabe, no existe”.

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Rene Russo en Outbreak (1995)

En 1995 Wolfgang Petersen llevó a la pantalla Outbreak, conocida en el mundo de habla hispana como Epidemia, cinta en la que Dustin Hoffmann y Rene Russo son parte del equipo científico que lucha por contener un peligroso virus que se propaga por el aire.

El éxito de estas películas es que explotan uno de nuestros temores más profundos:

“El miedo es a la extinción de la especie. Ese sería otro elemento de estas películas: el tono apocalíptico”.

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Brad Pitt y Bruce Willis en Twelve Monkeys (1996)

También a mediados de la década de 1990, Brad Pitt interpreta a Jeffrey Goines, un enfermo mental que anticipa el advenimiento de un virus mortal que acabará con la humanidad en la cinta de Terry William, Twelve Monkeys.

Basada en la novela homónima de 1954 de Richard Matheson, Soy leyenda cuenta la historia del último sobreviviente de una epidemia que ha exterminado al 90% de la población mundial y al resto lo ha convertido en salvajes criaturas asesinas. Robert Neville, interpretado por Will Smith, experimenta la angustia de ser el único ser humano no contagiado mientras lucha por encontrar una cura.

Contundente, Mauricio Ortiz afirma que “El miedo ahí no es sólo a quedarte tú solo, sino a que te vas a morir y se van a morir las personas que más quieres, toda la cuadra, la ciudad entera, y finalmente, la especie humana”.

 

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