La palabra de Gabriela: Soy una arpía, no una sirena


Por Gabriela Pérez

La arpía o harpía (del griego Αρπυια ) es un ser fantástico dotado de un sentido negativo. Se conforma generalmente de cabeza de mujer, cuerpo femenino o de ave y cola de serpiente o escorpión, pudiendo tener incluso patas de ave de presa. Su fisionomía no es estable, como tampoco lo son sus descripciones e identificaciones, ya que habitualmente suele confundirse con la sirena-pájaro, que desde la Antigüedad se describía como un ser compuesto por rostro femenino y cuerpo de ave, pero que se diferenciaba de la arpía medieval por la ausencia de cola de serpiente o escorpión. Su carácter devorador y aéreo las relaciona con los infiernos.

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La representación de las arpías tiene su origen en las culturas orientales y también gran repercusión en el arte griego y romano, si bien la mayoría de las imágenes de este período nos muestran a unas arpías muy similares a las llamadas sirenas-pájaro. El origen de este tema iconográfico, a pesar de evocarnos la mitología clásica, debe situarse en las civilizaciones y culturas orientales en las que los seres híbridos tuvieron una gran fortuna, como Mesopotamia, Egipto e India. Desde estas culturas fueron trasladados de manera temprana al terreno de la mitología griega y romana, para integrarse posteriormente tanto en los monumentos románicos e incluso el arte y la literatura islámica.

Las arpías fueron, en la mitología griega y latina, genios maléficos, divinidades del viento asociadas a la tempestad, si bien su carácter raptor dotó a estos seres del papel de mensajeras del dios infernal que vienen a raptar a los mortales para devorar su alma. Aparecen ligadas al mito de Fineo, rey de Tracia poseedor del don de la profecía. Tras haber revelado ciertos secretos, Zeus lo relegó a una isla con un festín del que no podía disfrutar, dado que las Arpías robaban su comida antes de que pudiera tomarla. El castigo se prolongó hasta la llegada de Jasón y los Argonautas, que acudieron a Fineo en busca de consejo, solicitando éste a cambio que le liberasen de las arpías. Fueron Zetes y Calais, los hijos alados de Bóreas, los encargados por Jasón para expulsarlas, trasladándolas finalmente a las islas Strofadas. El carácter sanguinario de la lamia y de la arpía griega se relaciona con las creencias en las hechiceras del mundo antiguo, las strigae de Ovidio y Petronio, que adoptaban la forma de pájaro-animal nocturno, con un carácter tenebroso; en las casas de los romanos las strigae eran demonios femeninos con cuerpo de mujer, pero alas y garras de ave de presa que se nutrían de la sangre de infantes

La arpía también aparecen en el Infierno de La Divina Comedia de Dante, acosando a los espíritus de los suicidas.

“No más ásperas son ni enmarañadas,

de Cecina a Corneto, las sombrías

guaridas, de las fieras ahuyentadas.

Allí, forman su nido las arpías,

que echaron de Estrofade a los Troyanos,”

con amagos de tristes profecías.

Tienen alas, con cuello y rostro humanos;

vientre plumoso, pies con garras duras,

y se quejan con gritos deshumanos.”

 

Al principio de su desarrollo como un mito, eran criaturas humanas/aves bastante desagradables y brutales, pero a medida que los ideales atenienses se apoderaron de la mitología griega, se suavizaron y se convirtieron en un ángel de la muerte más afligido que en un demonio devastador.

Las encarnaciones modernas de las arpías varían desde los malvados demonios con alas de murciélago para tentar a las mujeres pájaro, con frecuencia usando bikinis de cuero y/o metal o simplemente correas.

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Al principio fueron personificaciones de la naturaleza destructiva del viento.
Más tarde símbolos de avaricia, muerte y castigo.

Cuando las arpías aparecen representadas en parejas y con la cabeza vuelta, se han llegado a asociar con los seres híbridos llamados Sirín y Alconost de las teogonías rusas. Además, ofrecen aspectos en común con grifos, leones y dragones en su tarea de guardianes del árbol de la vida, afrontados dos a dos con los cuerpos adosados, cabeza cubierta con un gorro y mirando el tallo central del hom, del que brotan dos ramas que rodean el cuello de sus guardianes. Como tema afín podemos mencionar la leyenda de Melusina, muy popular en el siglo XIV. Melusina es un hada mitad mujer y mitad serpiente condenada por engañar al caballero de Lusignan con el que se había casado.

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Sirin

El Sirin es una criatura mitológica de leyendas rusas, con la cabeza y el pecho de una mujer hermosa y el cuerpo de un pájaro (generalmente un búho). Según el mito, vivían en tierras indias cerca de Edén o alrededor del río Éufrates. donde la Arpía era un agente de castigo y muerte, los sirin de la tradición rusa “cantaban bellas canciones a los santos, prediciendo alegrías futuras. Para los mortales, sin embargo, los pájaros eran peligrosos. Los hombres que los escuchaban olvidaban todo en la tierra, síguelos. y finalmente muere “. Todavía existe la asociación con la muerte, pero se trata más bien de una especie de “tan bueno que es malo”, y existió en un contexto religioso cristiano asociado con San Efraín el Sirain.

A pesar de que se han asociado a las sirenas-pájaro por su papel de símbolos alados, las arpías añaden la cola de serpiente o escorpión al rostro femenino y el cuerpo de ave de las sirenas. Este atributo les aporta un carácter telúrico, de hijas de la tierra, proclamado no solo por su cola, sino también por las serpientes que, saliendo de la boca, se dirigen hacia el suelo.

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Las arpías son representadas con cierta frecuencia en parejas, con la posición de sus cuerpos adosados y las cabezas vueltas mirando fijamente. Se trata de una postura activa o amenazante, posiblemente condicionada por una mejor adaptación al soporte, así como por la influencia oriental en las composiciones organizadas en torno a un eje de simetría. Además, pueden presentarse tocadas con un gorro frigio.

Las principales fuentes para este ser fantástico las encontramos en los textos grecolatinos, si bien las arpías que fueron representadas en el arte medieval se alejan de estos modelos clásicos.

La captura de las arpias, Jason y los argonautas Cabrera Peña
La captura de las arpías, José Daniel Cabrera Peña

Según Homero, las arpías eran diosas o genios furiosos del temporal que lloraban con el buen tiempo y cantaban con la tormenta. Solo el viento del Norte, hijo Bóreas y soplo del espíritu, podía ahuyentarlas. En la leyenda de los Argonautas son Furias con forma híbrida de doncella y ave de rapiña, raptoras que secuestraban a niños y adultos con sus garras. Hesíodo en su Teogonía, al referirse a los hijos de Taumante y Electra, las describe como “divinidades de larga y suelta cabellera, más veloces que los pájaros y los vientos”, pero su representación cambió con el paso del tiempo, si bien conservó su aspecto repugnante y condición femenina. Virgilio se refiere a ellas en la Eneida como aves con cara de doncella, garras encorvadas y vientre inmundo, pálidas de un hambre que no pueden saciar, además de relegarlas a la entrada del infierno como mensajeras de Hades. Del texto de Virgilio destacamos este pasaje: “No hay monstruo más aciago que ellas ni peste alguna más cruel o castigo de los dioses nació de las aguas estigias. Rostros de doncella en cuerpos de ave, nauseabundo el excremento de su vientre, manos que se hacen garras y rasgos siempre pálidos de hambre”.

El Liber monstrorum de diversis generibus de la época de Carlomagno, señala que las arpías serían políglotas, rasgo asociado al hambre y la avidez desenfrenada. Por otro lado, la arpía del Bestiario de Pierre de Beauvais se aparta de las descripciones de Homero y Virgilio, señalando que “esta bestia se parece a un caballo y a un hombre, con cuerpo de león, alas de serpiente y cola de caballo”.

 

Waterhouse, John William, 1849-1917; A Mermaid
Sirena, John William Waterhouse

A diferencia de las sirenas, cuya utilización se extiende en el tiempo durante la Baja Edad Media e incluso en el siglo XVI, las arpías perderán su continuidad, si bien es posible encontrar algún ejemplo aislado. Me gustaría, ser uno de esos yo.

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Un comentario en “La palabra de Gabriela: Soy una arpía, no una sirena

  1. Irma, te saludo.
    Me gusta mucho «La libreta de Irma».
    Lo de Gabriela Pérez, me fascinó.
    Está de más decirte que luces muy bien con tu nueva talla, pero, quiero hacerlo patente.
    Besitos a tu niñota y al equipo de Canal 22.
    ¡Feliz primavera!

    Enviado desde Samsung Mobile de Telcel

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