Las formas del árbol. Italo Calvino en México


Por Pedro Paunero

El viaje que hace Calvino a México tiene un paralelo con el que hace Graham Greene (un católico que llega poco tiempo después de la Guerra Cristera y recorre una geografía de odio en la que siempre va odiando[1]): un periplo traducido en palabras a través del desconcierto.

En este libro breve, donde se reúnen tres ensayos mínimos, Calvino aborda tres variaciones sobre un mismo asunto, el asalto visual de las formas mexicanas a ojos extraños, expresadas desde la naturaleza viva hacia aquella representada artificialmente: La forma del árbol o las impresiones que tuvo al observar el árbol del Tule en Oaxaca (en realidad serían “las formas del árbol”, la multiplicidad de sus nudos, sus rumores y voces); El tiempo y las ramas, sobre otro árbol, esta vez una representación en estuco pintado del Árbol de Jesé (identificado con el Árbol de la vida) en la bóveda del Templo de Santo Domingo y La selva y los dioses o su acercamiento a los vestigios que atestiguan la caída de la civilización maya y la recuperación de los espacios humanos por parte de los árboles y su ejército de lianas.

En los tres ensayos se impone pues, la naturaleza, como presencia en acto creativo, vía de creación y re-creación, en un hecho de resuelta “invasión” o rescate por parte de las masas vegetales informes o, más precisamente, las formas arbóreas, siempre móviles, inestables, reformadas a través de la dictadura del ojo humano que busca siempre un orden, de terrenos que la civilización le ha arrebatado:

“La selva parece estar a punto de tragarse aquellos colosales vestigios de la civilización maya; de hecho, hace ya muchos siglos que se los ha tragado y estarían sepultados bajo una verde montaña viva y proliferante de no ser por las afiladas cuchillas de los hombres que, desde que fueron descubiertos, libran día a día batallas a la vegetación y permiten que las construcciones de piedra surjan de la sofocante maraña de ramas y espinas.” (La selva y los dioses).

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Apropiándose dichas formas en una confrontación silenciosa expresada en el arte sacro y popular, para reinterpretar, para aprehender o detener en el tiempo humano y así mismo teológico y en la limitada superficie de estuco en esa bóveda de iglesia (“conforme con la intención de la providencia divina o del arte humano que quiere representarla”), una supuesta estabilidad generacional y las aspiraciones a la salvación de las ascendencias anteriores al nacimiento del Mesías.

“…la genealogía de Cristo va de padre a hijo siguiendo una línea única, mientras que aquí el tronco retorcido une directamente la figura de la raíz a la de la cima y todos los demás personajes despuntan en diversas alturas de las ramas laterales como si fueran generaciones de hermanos.” (El tiempo y las ramas).

Los suyos son ensayos poéticos o, mejor dicho, poemas en prosa con la forma de ensayos. La “forma”, siempre presente, es base, como los ladrillos, las lajas y las piedras quebradas por las reptantes raíces de los vegetales, como el cambio, como lo mutable, en la obra de Calvino:

“(Lo que parece acercarse es el final, el corte de todas las ramas una por una o todas juntas, la aproximación inminente de la catástrofe demográfica, alimenticia, tecnológica…)[2]

También podemos leer acerca del azoro:

“Al acercarme, después de bajarme de un autobús turístico, antes aún de que el ojo distinga, tengo una sensación de amenaza, como si de aquella nube o montaña vegetal que se perfila en mi campo visual me llegase la advertencia de que aquí la naturaleza, con lentos y silenciosos pasos, se empeña en desarrollar un plan que nada tiene que ver con las dimensiones y proporciones humanas” (La forma del árbol).

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O estos otros ejemplos sobre tiempo y desintegración:

“El árbol del Tule, producto natural del tiempo, y el árbol de Jesé, producto de la necesidad humana de dar una finalidad al tiempo, son sólo en apariencia reductibles a un esquema común. Al encontrarlos el mismo día en mi itinerario, siento tenderse entre ellos la distancia entre el azar y el designio, la probabilidad y la determinación, la entropía y el sentido de la historia” (El tiempo y las ramas) y “por lo tanto, cualquiera que sea su significado, lo que los mayas marcan en la piedra son siempre formas vegetales: en el fondo de todo argumento está el flujo de la linfa en las plantas; entre la piedra esculpida y la selva se estableció una relación casi de repetición como en un espejo” (La selva y los dioses).

El hombre de la selva se rindió a la selva. Los mayas son presencia fantasmal: “¿Pero qué sentido tiene decir la palabra “selva” cuando la selva está allí, presente, amenazante?” (…) “Las cosas se revelan contra el destino de ser significadas por medio de las palabras, rechazan ese papel pasivo que el sistema de signos quisiera imponerles, recuperan el lugar usurpado, ahogan los templos y los bajorrelieves, regresan a tragarse el lenguaje que había intentado asegurar su propia autonomía y erigirse sobre sus propios cimientos como una segunda naturaleza”. (Ibíd.)

Imposible no encontrar aquí los ecos que resuenan de entre las paredes de sus urbes soñadas:

“La crisis de la ciudad demasiado grande es la otra cara de la crisis de la naturaleza.” (Las ciudades invisibles, 1972)

Acompañan al libro las asombradas fotografías de Jill Hartley, fotógrafa californiana nacida en 1950 y afincada varios años en México, que captura, en tonos grises, piedras, nódulos y ramificaciones, hojas y cielos, relieves, rostros, perfiles, estelas, biológicas maravillas oaxaqueñas y tiempos mayas detenidos o en proceso continuo de detenerse en concordancia con las palabras de Calvino:

“Otros dioses hablan a través de nosotros, y saben que todo lo que termina no retorna.” (La selva y los dioses).

Las fotografías nos transmiten una sensación de franca oposición: la raíz aparece como piedra inmóvil, arteria sostenida, pata de araña congelada que, en contraste, al abrirse en paso silencioso por el suelo o el muro, muda de continuo el lugar de las piedras, las hace movibles, las traslada.

El libro nos recuerda algo que ya sabemos pero que, en la vorágine de expropiación temporal de la costra de lo vivo, el hombre rechaza –que no necesariamente olvida-, desde su invidente soberbia, “la muda naturaleza tiene la última palabra” pues la del hombre, es una suerte condenada a ser ruina, a caer sin estrépito, a acabar sus orgullosos días sin un solo grito en la fría extensión de liquen de los muros quebrados y agrietados y fue la geografía de México la que proporcionó a Calvino –y a la artista visual que ilustra el libro-, ese estado momentáneo de confusión, de asombro, pero a la vez una súbita revelación, que deviene reflexión, y que golpea en la infinita curvatura del ojo, ese órgano para el que no existen fronteras.

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Bibliografía:

Italo Calvino en México. Traducción de Dulce María Zúñiga. Fotografías de Jill Hartley. Petra Ediciones. Primera reimpresión, 2012.

Italo Calvino. Las ciudades invisibles. Traducción de Aurora Bernárdez. Siruela. Biblioteca Calvino. 26ª edición. 2015.

Graham Greene. El poder y la gloria/Caminos sin ley. Editorial Porrúa. Col. Sepan Cuántos. México, 1998. Rústica, primera edición.

[1] Se trata del libro “Caminos sin ley”, hasta hace poco no publicado en el país.

[2] El paréntesis es de Calvino.

Pedro PauneroPEDRO PAUNERO. NOVELISTA, CUENTISTA, ENSAYISTA Y CRÍTICO DE CINE NACIDO EN TUXPAN, VERACRUZ EN 1973. HA PUBLICADO LA NOVELA LABELLUM (MINIMALIA ERÓTICA/EDICIONES DEL ERMITAÑO, MÉXICO, 2008). CUENTOS SUYOS HAN APARECIDO EN LAS REVISTAS AXXÓN Y PRÓXIMA (ARGENTINA), KORAD (CUBA), TIEMPOS OSCUROS Y ALFA ERIDIANI (ESPAÑA), HONTANAR (AUSTRALIA), OJOS, DEL MUSEO DE ARTE ERÓTICO AMERICANO (COLOMBIA), Y EL CAFÉ LATINO (FRANCIA), ASÍ COMO EN DIVERSAS ANTOLOGÍAS (CUENTOS DE BARRIO, LECTÓRUM, 2012). ESCRIBE CRÍTICA DE CINE EN EL PORTAL CORRECAMARA.COM Y LA REVISTA CINE TOMA Y HA PARTICIPADO EN DOS AMANTES FURTIVOS, CINE Y TEATRO MEXICANOS, LIBRO COORDINADO POR HUGO LARA. ALGUNOS DE SUS CUENTOS Y ENSAYOS HAN SIDO TRADUCIDOS AL CATALÁN, AL INGLÉS Y AL FRANCÉS. HA GANADO DOS VECES EL PRIMER LUGAR DEL PREMIO TIRANT LO BLANC DEL ORFEÓ CATALÁ DE LA CIUDAD DE MÉXICO Y EL PREMIO MIGUEL BARNET QUE OTORGA LA FACULTAD DE LETRAS ESPAÑOLAS DE LA UNIVERSIDAD VERACRUZANA.

 

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