Por Celia Gómez Ramos

 Huir resultaba una constante o remanso, antes de volver sobre las dificultades. Al menos así lo creyó siempre. Contrario totalmente a cómo funcionan las leyes de la física.

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Nuestros ancestros, sin embargo, sabían ya que la comezón -coloquialmente hablando-, tenía que ver con el deseo reprimido. Con seguridad muchos pueblerinos no conocían sobre Freud, pero sí mucho de la vida.

Aquello que no habían alcanzado a distinguir, eso sí, era que cuando la sensación aparecía en un punto específico, y no por un piquete de animal ponzoñoso, el rascarse podría provocar el efecto multiplicador… Si bien huir no era posibilidad, la fricción solo generaría un alivio momentáneo; pero desataría, como la peste, el caos en el organismo.

El intento de evasión podría ir a la carga contra la persona, y la necesidad incluso volverse tan apremiante, que la zona infectada (así podría llamársele), acabaría creciendo… De un solo dedo, llegar a más, a todos… A los ojos… Alrededor de la boca… A las axilas… A la espalda… A las plantas de los pies… Y eso no tendría nada que ver con la idea de regeneración natural de los tejidos, mucho menos cambio de piel. Aunque…

Entonces fue cuando dio rienda suelta a los calmantes, en tanto descubría qué deseos estaba reprimiendo… Y al ir atarantada por la vida, olvidó lo que buscaba.

Celia
Celia Gómez Ramos
Celia Gómez Ramos es periodista y escritora mexicana. Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la UNAM, con estudios en la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano, la Escuela Dinámica de Escritores y en 17, Instituto de Estudios Críticos. Sin Dios y sin diablo es su segunda novela editada por Plaza y Janés. Las amorosas más bravas es su primer trabajo periodístico de largo aliento imagen-texto con la fotógrafa Bénédicte Desrus. Ha publicado cuento, entrevistas, reportajes y crónicas en diversas revistas nacionales e internacionales. A partir de 2009 escribe la columna semanal “Mujeres en busca de Sexo” en El Sol de México y diarios de la Organización Editorial Mexicana. Es una buscadora de historias, y adora pulsar la ciudad y a su gente. Nunca usa pseudónimos “porque es tan difícil ser uno, que para qué tratar de ser dos”.

 

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