Garro-Paz: retórica, mito y deconstrucción. Entrevista a Patricia Rosas Lopátegui


Por Consuelo Sáenz

(Foto de portada: encontacto.mx)

 

Este viaje por la vida y obra de Elena Garro intenta desmitificar la historia oficial y demostrar que la culpa es de los tlaxcaltecas y no de la Malinche; en suma, de los jefes de Estado y no de Elena Garro quien, a pesar de sus contradicciones y errores, es paradigma de Emiliano Zapata y Juana de Arco, y no de los hombres sin escrúpulos, asesinos de su pueblo.
Patricia Rosas Lopátegui
El asesinato de Elena Garro (2a.ed.)

Hablar de Elena Garro es referirnos a una de las mejores escritoras que ha dado México después de Sor Juana Inés de la Cruz. Precursora indiscutible de la corriente literaria del “Realismo mágico”, pues cuatro años antes de que Gabriel García Márquez publicara Cien años de soledad, ya circulaba Los recuerdos del porvenir (1963). Mujer de múltiples facetas: escritora, coreógrafa, guionista y periodista. Fue esposa del Premio Nobel de Literatura 1990 Octavio Paz durante más de veinte años, y ambos fueron los padres de Helena Paz Garro “La Chata”, como se le conocía cariñosamente, hija única, fallecida en 2014 a los 74 años de edad.

La vida para Elena Garro y su hija no fue miel sobre hojuelas; ambas se vieron involucradas en serios escándalos políticos durante la década de los años sesenta. El insistente rumor que no permite ofrecer un tratamiento justo a la obra literaria de Elena Garro tiene mucho que ver con su supuesta participación y organización en el Movimiento estudiantil del 68, que dio como resultado la matanza y desaparición de estudiantes y civiles, ocurrida en La Plaza de las Tres Culturas. Antes, Elena ya había unido su destino e ideología a la de algunos líderes campesinos de oposición, también había lanzado dardos a la élite intelectual mexicana acusándola de cobarde y poniendo en tela de juicio sus relaciones con el poder. Motivos suficientes para desacreditar su relevante obra, aunado a la incapacidad de separar a la escritora de la persona. En la historia oficial, Elena Garro es la traidora, la espía, la informante, la mujer con defectos femeninos: voluble e inestable. La ex esposa de uno de los más grandes intelectuales en el mundo, mismo al que se atrevió a contradecir; la que llamaba al pan, pan y al vino, vino. La venganza del Estado cayó sobre ella, como lo asegura René Avilés Fabila, hasta el punto de minimizar las que fueron sus virtudes como ser humano.

paz_octavio_5
Octavio Paz. Foto: biografiasyvidas.com
Elena Garro y Octavio Paz, dos nombres indisociables, porque es a través de la vida que crearon en común que se puede dar una explicación del rumbo y omisiones que tomaron los hechos, en especial para revelar lo que siguen siendo los enigmas en la historia personal de Elena Garro y también una etapa de la vida política y cultural de un país.

La escritora y periodista Patricia Rosas Lopátegui (Tuxpan, Veracruz, 1954) continúa con su incansable lucha por reivindicar la imagen, vida y obra de la inolvidable autora de Un hogar sólido. En 2016 se conmemora el centenario de su natalicio, además de ser recordada en su aniversario luctuoso número 18, acontecido un 22 de agosto. En esta entrevista conversamos sobre su libro El asesinato de Elena Garro. Periodismo a través de una perspectiva biográfica (2da. edición), que se presentó hace unos meses en el Centro Cultural Elena Garro, en la Ciudad de México.

ElAsesinato2001
Portada del libro. Foto cortesía de la autora
La primera edición del libro El asesinato de Elena Garro. Periodismo a través de una perspectiva biográfica fue publicado en 2005. Tengo entendido que ha ido aumentando su volumen. ¿Por qué esperar diez años para la segunda edición?

Desde que salió la primera edición sabía que la investigación no estaba completa y que sería necesario retomarla. En el 2005 no tenía una idea clara de cuándo lo haría, pues siempre estaba ocupada con otros proyectos. Fue en el 2012 cuando pensé que era tiempo de reanudar El asesinato de Elena Garro en el marco de varios aniversarios; el propósito consistía en que la segunda edición aumentada saliera en el 2013, cuando se cumplían 50 años de Los recuerdos del porvenir (1963) y 45 de la masacre en Tlatelolco (1968), entre otras conmemoraciones. Pero como el libro fue creciendo debido a los materiales que seguía encontrando en la hemeroteca, el volumen se fue postergando y finalmente salió en el 2015. En realidad fue una mera coincidencia que empezara a circular a 10 años de la primera edición. Pero me alegro que así haya sido.

El libro se divide en cinco capítulos, y cada capítulo abarca una década, ¿es correcto?

Así es. El asesinato de Elena Garro divide la carrera periodística de la autora por décadas para facilitar el ordenamiento y la lectura de este multifacético material. La etapa en la que se desempeñó como reportera abarca de los años cuarenta a los noventa. Este volumen se divide en cinco capítulos correspondientes a cada decenio, con excepción de los años setenta y ochenta, los cuales se aglutinan en uno solo, pues debido al ostracismo la producción se redujo en este periodo. A su vez cada capítulo se compone fundamentalmente de cuatro secciones: 1) “Perspectiva biográfica”. Para Elena Garro vida y obra constituyeron un solo cosmos y una misma experiencia. De ahí que sea vital enmarcar su pensamiento político, artístico y social en el ámbito pertinente con el fin de esclarecer los signos subterráneos de las fuerzas en el poder que la desactivaron; 2) “En torno a sus colaboraciones”. Como figura controversial y polémica, ya que no se alineó con las capillas que dirigían la cultura desde el poder y criticaba la corrupción del sistema político posrevolucionario; sus textos están rodeados de acontecimientos y debates que resulta necesario dilucidar para una mejor comprensión de su periodismo. En estos segmentos se intenta perfilar las vicisitudes de carácter histórico y personal en medio de las cuales la autora escribió sus entrevistas, reportajes, artículos, reseñas y memorias; 3) “El periodismo de Elena Garro”. Sin más preámbulos bajo este encabezado se recopilan sus colaboraciones en los rotativos. Desde su primera entrevista con una cantante de ópera, pasando por su reportaje sobre la cárcel para mujeres menores de edad, realizado cuando tenía 24 años (1941), su activismo en defensa de los campesinos despojados de sus tierras, su afiliación con Carlos A. Madrazo, su audaz posición en 1968, sus memorias desde el exilio, hasta llegar a sus últimas aportaciones a su regreso a México (1991-1993); y 4) “Elena Garro: noticia periodística”. Elena fue primero fuente de noticias al iniciar su carrera de reportera en los años cuarenta. Un día, de pronto, encarnó la noticia misma. El 19 de julio de 1957, la defensora de los campesinos de Ahuatepec se convirtió en noticia periodística al darse a conocer como dramaturga. Los informadores la buscaron a raíz del cuarto programa de Poesía en Voz Alta, el grupo que llevó a la escena sus piezas Andarse por las ramas, Los pilares de doña Blanca y Un hogar sólido. A partir de esa fecha, a la vez que se desempeñaba como conciencia de su pueblo con su periodismo combativo, Elena siguió revolucionando el teatro y la literatura en México. De este modo, en un intento por reproducir su versatilidad, tenemos frente a nosotros a la reportera en acción y, al mismo tiempo, a la creadora en el centro de las miradas, obnubilando con su ingenio impar.

Elena_Poniatowska
Elena Poniatowska. Foto: pl.wikipedia.org
El prólogo de la primera edición corrió a cargo de Elena Poniatowska. Dicho prólogo es una diatriba total del contenido del libro. ¿Por qué elegir a Poniatowska para escribirlo?

Porque Elena Poniatowska fue parte de la lucha de Elena Garro en defensa de las tierras de Ahuatepec, Morelos, a finales de los años 50. Mi idea era que en el prólogo Poniatowska escribiera sobre esa experiencia que compartió con Garro en aquel momento, pero nunca me imaginé que su texto fuera a representar lo opuesto al discurso deconstructor que encierra este volumen de y en torno a Elena Garro.

Cuando usted lee el prólogo que Poniatowska le entrega, ¿cuál fue su reacción? ¿Fue lo que esperaba?

Me quedé estupefacta. No, no era lo que me esperaba.

A la muerte de Garro ¿podemos ser optimistas y decir que ha crecido su leyenda o sigue siendo una figura discriminada?

Elena Garro sigue siendo una figura discriminada. A pesar de que hay una serie de eventos en el marco del centenario de su nacimiento de parte de las instituciones culturales y de que se han publicado varios volúmenes con su narrativa y su teatro, todavía el statu quo sigue lanzando las mismas aseveraciones difamatorias en torno a ella. Sus libros no forman parte del canon, no son lecturas obligatorias en el sistema educativo medio ni superior. Con Elena Garro se ha cometido una gran injusticia. Uno de los problemas a los que nos enfrentamos en México es que la gente no lee las fuentes originales, sino que se dedica a reforzar y difundir los rumores que se lanzan desde los medios masivos de comunicación controlados por el Estado, sin darse a la tarea de investigar a fondo si tales difamaciones tienen o no fundamento. Y éste ha sido el caso de Elena Garro. El descrédito de la autora de Felipe Ángeles corre por diferentes avenidas: por un lado el orquestado por Octavio Paz y los intelectuales coludidos con el poder, y por otro, el maniobrado por los terratenientes, políticos y funcionarios. Garro atacó a la clase pensante, es decir, a sus colegas escritores y artistas, por no comprometerse y no hacer la crítica en contra del sistema que había traicionado la lucha del pueblo, y desenmascaró los tejemanejes de los gobernantes posrevolucionarios asentados en la tiranía. Entonces, claro que Elena Garro se convirtió en una figura muy molesta para el poder cultural y político y era urgente eliminarla, pero no de un balazo o con una bomba, sino mediante la difamación y el ostracismo más feroz. Por eso, la segunda edición de El asesinato de Elena Garro salió muy voluminosa, porque deshacer las calumnias armadas desde el poder es una labor muy ardua. Mi propósito es que el lector conozca a Elena Garro a través de su palabra, que lea lo que ella escribió en una época de mucha censura y represión, en un tiempo en donde no existían las redes sociales y el silenciamiento y descrédito eran (y aún lo siguen siendo) una de las armas más efectivas para eliminar a quienes se oponen al yugo del autoritarismo.

Usted ha realizado un arduo trabajo de investigación. También ha dado a conocer el trabajo periodístico realizado por Garro en 1941, el cual es uno de los objetivos principales del libro. Algunos críticos consideran que Elena Garro no tuvo presencia ni veracidad como periodista: «En los cuarenta, Elena entrevistaba a quien se le daba la gana y como se le daba la gana. Ningún jefe de redacción a quién rendirle cuentas, ninguna orden de trabajo como la recibimos todos los reporteros». ¿Qué puede decirnos al respecto? ¿Esos artículos añaden versatilidad a sus capacidades? ¿es justo llamarla periodista?

Quienes aseveran lo anterior lo hacen porque forman parte del establishment, es decir, están coludidos con el poder, por lo tanto, no hacen la verdadera crítica a la corrupción, al racismo, a la falta de libertad de expresión, etc. Esta aseveración que mencionas es precisamente parte de la leyenda negra que han armado los conservadores, los allegados al poder, pues Elena Garro representa lo opuesto: siempre fue irreverente y no se alió a ninguna capilla intelectual porque defendió su independencia para poder hacer la verdadera crítica al sistema. Por eso la siguen desacreditando los que constituyen la clase pensante al servicio de los premios y reconocimientos oficiales. Por supuesto que Elena Garro es una periodista y de primera calidad, precisamente por su periodismo alejado de las prebendas. Sólo hay que leer sus artículos y reportajes para ver su valentía en una época de absoluta cerrazón. Por ejemplo, mira lo que dijo en su artículo titulado “La Nueva Era”, en 1965, y que recojo en El asesinato de Elena Garro:

Es asombrosa la conciencia política de los escritores y de los periodistas nacionales. Es asombroso que los diarios y las revistas semanarias y literarias eviten, tan cuidadosamente, la publicación de las noticias o comentarios sobre lo que sucede en el país. Por ejemplo: que el pueblo La Nueva Era, Municipio Playa Vicente, estado de Veracruz, haya sido incendiado, las familias dispersadas y setenta campesinos encarcelados por órdenes de un terrateniente y con la anuencia de Norberto Gómez Solís, consejero agrario del Departamento Agrario. Esto no es noticia. Tampoco lo es que Daniel García y algunos otros campesinos, que forman el comisariado de La Nueva Era, llegaran hasta la CNC en busca de protección y que ésta inmediatamente enviara una comisión al Departamento Agrario pidiendo garantías para el pueblo atropellado, y que los consejeros agrarios, así como el propio director de dicho Departamento, se negaran a recibir a la comisión y al propio representante de la Central Campesina. Esto, para los escritores y los periodistas nacionales, no es noticia. Tampoco lo es que otra comisión de desdichados campesinos llegara huyendo de la quema del pueblo La Frontera, Municipio de Misantla, Veracruz, a denunciar que su pueblo fue destruido; el comisariado Nemorio García Pastrana, Salvador Mancera y Ramón Guzmán encarcelados y condenados a no probar bocado durante tres días para obligarlos a abandonar las tierras, que les fueron dotadas para formar un Nuevo Centro de Población Agrícola, en favor del terrateniente Conrado Cortés Martínez. Tampoco interesa que los terratenientes Nicolás Segura y Gerardo Tomás, asesorados por el jefe de la Dirección de Derechos Agrarios y por el consejero agrario, Norberto Gómez Solís, priven brutalmente de sus tierras legales a los campesinos del pueblo de Troncones, Municipio de Misantla, Veracruz, y que éstos, a pesar de ir acompañados de representantes de la CNC, no lograran ni siquiera entrevistarse con las autoridades agrarias del DAAC.
Para los escritores y periodistas de izquierda nada de esto es importante, como tampoco lo es que los campesinos de Palma Real, Municipio de Castillo de Teayo, Veracruz, hayan sido despojados de sus tierras por medio de maniobras “legales” del DAAC para beneficiar al latifundista Manuel F. Díaz, que posee una pequeña propiedad de 5000 hectáreas disfrazadas cuidadosamente por los consejeros agrarios en sociedad ganadera a todas luces ilegal. No, nada de esto interesa. Las columnas de los periódicos y las páginas de las revistas de izquierda como Siempre!, vienen colmadas de noticias de interés nacional: los intelectuales se pelearon, se insultaron, se arrojaron whisky a la cara, insultaron al gobierno y se llamaron nazis en el nombre de la inteligencia, porque no ganaron todos el premio de $20,000 pesos que era para uno solo. Entre ellos uno declaró a la revista Siempre! de la semana pasada, “que los mexicanotes enchamarrados, bigotudos y prietos le tenían envidia porque él era güerito”. Esta noticia sensacional merece páginas enteras, tinta y publicidad.
Es consolador saber que no son estos escritores “libertadores de pueblos extranjeros” los que han hecho ni van a hacer la historia de México. Es consolador saber que ellos se contentan con unos cuantos miles de pesos al mes, migajas que les regalan los políticos, unos banquetes sabatinos de calamares con arroz y unas frases dirigidas contra los políticos mexicanos ladrones, de los cuales viven, y otras cuantas frases dirigidas contra los imperialistas yankis, a los cuales les sacan becas y viajecitos regularmente. Sí, es muy consolador saber que el gobierno de México no está en las manos de los “divinos”, como ellos mismos se han bautizado. Consuela saber que los iguales a “los divinos” se encuentran entre los funcionarios oscuros del Departamento Agrario que, en lugar de defender a los campesinos, se dedican a desvalijarlos de la misma manera que los “intelectuales” cobran para proclamar todos los días la libertad para los negros de Alabama.
Leal Longoria, Luis Alcerreca, Reyes H. y Gómez Solís, padrinos desde hace treinta años del desastre agrario, no podían encontrar intelectuales más a su medida, pues mientras ellos cumplen rigurosamente con todos los pequeños menesteres para lograr el despojo de los campesinos, los “intelectuales por decreto propio” cumplen también con todos los pequeños menesteres necesarios para que este despojo se lleve a feliz término. La conciencia política que favorece a La Nueva Era, que va desde comer arroz con calamares hasta escribir editoriales a favor de los extranjeros oprimidos, se ocupa, como vemos, de todos los pequeños menesteres intelectuales, excepto de uno propio de su clase y que es el de pensar.

Creo que si la gente leyera los artículos periodísticos de Elena Garro, la leyenda negra ya no existiría: sólo los lectores, el pueblo, la opinión pública, bien enterados y leídos todos, pueden deshacer las intrigas de los poderosos que tanto dañan, en este caso, que tanto han perjudicado la vida y obra de Elena Garro. Por eso, para mí como biógrafa de Garro, es crucial leer su periodismo; ahí está registrada su lucha en contra de los corruptos y de las injusticias sociales.

Patricia, los detractores de la obra afirman que en el libro destacan los comentarios y descripciones que usted tomó directamente de Elena Garro, información que corre el riesgo de ser sesgada y tendenciosa, ya que Elena le proporcionó un amasijo de contradicciones y falsedades, ¿cómo demostrar lo contrario?

Otra vez estamos ante la misma táctica o estrategia de los coludidos con el poder. A mí me atacan por reivindicar la figura de Elena Garro, por lo tanto, también se busca desacreditar mi trabajo como investigadora. Solamente voy a decirles a los lectores una cosa para responder a esta pregunta: si leen El asesinato de Elena Garro, van a darse cuenta por sí mismos que dicha declaración es falsa, ya que todo lo que expongo en este libro, lo hago con documentos y archivos que sustentan mi análisis.

Para las nuevas generaciones que se asoman a la vida y obra de Elena Garro ¿hasta dónde fue cierto que Octavio Paz limitó la actividad literaria de su esposa?

Para corroborar este asunto, yo los remito a que lean los diarios y las cartas de Elena Garro, en donde dejó testimonio de la opresión de Paz hacia su trabajo creativo. Por supuesto que este tema aparece reiterativamente en su obra, pero como los diarios y las cartas pertenecen a la esfera íntima, son más viables para comprender la tiranía del esposo. Sus diarios los compilé en Testimonios sobre Elena Garro. Biografía exclusiva y autorizada de Elena Garro (2002) y recomiendo que lean las cartas reunidas en el libro de Gabriela Mora, Elena Garro: Correspondencia con Gabriela Mora (1974-1980) (2007).

Correspondencia con Gabriela

Usted propone deconstruir la supuesta renuncia de Octavio Paz a su cargo como embajador de México en India, ante la violencia perpetrada por el gobierno de Díaz Ordaz, en Tlatelolco. ¿Hubo renuncia? ¿Cuál es la verdad?

Ha habido, y todavía hay, muchos mitos en torno a Octavio Paz. Afortunadamente hay una serie de investigadores que ya han desentrañado algunos de ellos. Jacinto Rodríguez Munguía en su reportaje, “La renuncia que nunca fue. La trampa de Octavio Paz” (Emeequis, 2015) realizó un estudio exhaustivo sobre esta materia: “Pocos días antes de abandonar el poder, el presidente Díaz Ordaz hizo que le preguntaran sobre la renuncia del escritor: ‘Ése qué va a renunciar’, respondió despectivamente. Y no, Paz no renunció. (…) No, no renunció aunque la ley sí se lo permitía. No, no renunció y siguió cobrando su sueldo mensual desde 1968 hasta 1973, cuando alcanzó los treinta años de servicio en las filas diplomáticas. (…)”. Para llegar al meollo del asunto, Rodríguez Munguía cita la entrevista que el periodista Ernesto Sodi Pallares llevó a cabo con el entonces presidente de México, el 17 de noviembre de 1970:

—¿Qué opina usted, señor Presidente, del libro [Postdata] escrito por Octavio Paz y que trata sobre los consabidos sucesos de Tlatelolco?
—Pues oiga usted, no lo conozco, honradamente. Si no me equivoco, en la época de lo que usted llama “consabidos sucesos de Tlatelolco” el señor don Octavio Paz era nuestro embajador en la India.
—¡Ah! ¿Entonces fue cuando renunció?
—¡Ése qué va a renunciar! Fíjese usted, muy cómodamente, pidió que se le pusiera en disponibilidad. Es decir, acudió al expediente burocrático de asegurar la chamba y prácticamente está con licencia indefinida. Eso es todo.

El documento que relata lo anterior es de crucial importancia. Rodríguez Munguía se pregunta: “¿Octavio Paz mintió o nadie leyó con cuidado sus palabras cuando dijo que renunciaba a la embajada, al gobierno de Díaz Ordaz, pero no al sistema, no al Estado?”. En su diálogo con Ángel Gilberto Adame, se aclara el significado de dicho recurso:

—¿Qué significaba concretamente la solicitud de disponibilidad?
—De acuerdo con la ley y el reglamento implicaba tomarse una licencia de tres años, seguir perteneciendo al servicio exterior y regresar cuando así lo deseara; conservar seguridad social, gastos, pasajes, etcétera. De hecho, cuando regresa a México en 1971, seguía perteneciendo al servicio exterior.
—¿No renunció?
—Con el análisis de los documentos sin ninguna interpretación ni política ni ideológica, sino estrictamente legal, Octavio Paz no renunció. Se acogió a un derecho que tenía… un tipo de licencia.
—¿Gustavo Díaz Ordaz tenía razón?
—Tenía razón.

diaz_ordaz_inter
Gustavo Díaz Ordaz. Foto: redpolitica.mx
El 29 de marzo de 1973 se autorizó su renuncia a la disponibilidad. Ese año cumplía tres décadas en el servicio público, el tiempo que, de acuerdo con la Ley de Servicio Exterior Mexicano, se requería para alcanzar los beneficios de la jubilación. Con esta investigación queda comprobado que Octavio Paz no renunció al puesto de embajador de México en la India, sino que supo manipular el sistema diplomático para su propio beneficio económico y quedar como un “héroe” ante la opinión pública. Irónicamente, después de la masacre perpetrada por el Estado, Garro aparecía ante los ojos de la prensa y de la opinión pública como una traidora, una espía del gobierno, mientras que Paz y los intelectuales “de izquierda”, quienes se habían mantenido cerca de los círculos oficiales y no se habían comprometido con los movimientos sociales como ella, surgían después del 2 de octubre como los “auténticos” defensores de las causas justas. Ésta es la farsa montada por el poder desde 1968 y la que deconstruyo en este volumen a partir del periodismo de Elena Garro y otros documentos y archivos relacionados con este escabroso tema. A pesar de todas las protestas de Octavio Paz, de haberse puesto en disponibilidad, de su poema sobre el 68 y sus críticas en contra del régimen, el poeta no regresó a México para solidarizarse con los estudiantes, obreros y campesinos caídos en Tlatelolco, o con quienes estaban siendo torturados en las cárceles clandestinas. Una vez más, Paz demostró su posición acomodaticia. El ensayista prefirió trasladarse de la India a París en diciembre de 1968, donde se reencontró con Carlos Fuentes. El autor de Libertad bajo palabra se dedicó a dar conferencias en Inglaterra y Estados Unidos, al margen y a salvo de la represión brutal de los operativos policiacos diazordacistas, mientras que Elena y su hija vivían acorraladas bajo la tortura psicológica que impuso el gobierno a la nación.

Poniatowska menciona una entrevista de 100 páginas que Garro le hiciera a Carlos Madrazo, en la que lo elogia y convierte en héroe. Patricia, dicha entrevista ¿se encuentra en el libro?

Todas las entrevistas que Garro le hizo a Madrazo aparecen en El asesinato de Elena Garro, en la segunda edición aumentada, y ninguna tiene 100 páginas. Dejemos que el lector lea este libro y llegue a sus propias conclusiones sobre lo expresado por Poniatowska.

Existen claroscuros en cuanto al papel que Elena desempeñó en el Movimiento estudiantil del 68. Ella publicó en la Revista de América, “El complot de los cobardes”, en donde acusa a los intelectuales de mandar a los jóvenes estudiantes al matadero. Sin embargo, cito lo que está en el prólogo: “Elena suelta el nombre de Madrazo, cualquier ocasión es buena para hacer la apología de su ídolo. Lo apoyó hasta ir con Gregorio Ortega (director de la Revista de América a quienes todos llamaban Orteguita) a pedirle que encabezara el movimiento estudiantil que terminó en la masacre del 2 de octubre de 1968. Madrazo, como buen político, se negó”. ¿Tenía ella contemplado a algún líder para encabezar dicho movimiento?

Esta pregunta amerita otra entrevista, quizás una dedicada exclusivamente al tema del 68. Pero te adelanto que sobre este asunto hay también muchos tejemanejes para desprestigiar la lucha de Elena Garro. No quiero decir que ella haya sido perfecta, nadie lo es, pero yo, al menos, prefiero estar con las figuras como Elena Garro que luchan en defensa de las injusticias sociales y hacen la crítica sin vender su pluma, que con los allegados al poder que se dicen defensores del pueblo cómodamente desde sus casas o sus oficinas.

Patricia, ¿quién mató a Elena Garro?

Todos los que apoyaron, de una manera u otra, el autoritarismo del gobierno, los que no defendieron la Reforma Agraria Integral, quienes desde sus escritorios hablaron de los indios, pero con una actitud racista, sin involucrarse en la lucha por sus tierras. Y voy a citar una entrevista breve, pero sustanciosa, con la autora de Y Matarazo no llamó... que se encuentra en El asesinato de Elena Garro para dar respuesta a tu pregunta:

Presente!, Cuernavaca, Morelos, México, domingo 23 de febrero de 1964, p. 5.
Hablan las mujeres
¿Qué espera usted de Gustavo Díaz Ordaz?
“México es un país extraordinario con un destino brillante, frustrado por una casta colonial de funcionarios”.
“La Historia de México se ha quedado inmóvil porque la psicología del funcionario es la misma desde la Colonia. Hay que acabar con ella. Y la política, por ende, no es una política de ciudadanos, sino de colonos de nosotros mismos”.
Entrevista a Elena Garro

BHU

Elena Garro, sentada sobre el piso entre todos los colores del otoño (castaños, almendra, sienas y oro) de los que —ella misma hecha en ocres— adora rodearse, lanza sus peticiones con una vocecita suave y bien educada:
“Yo quiero que Díaz Ordaz haga la Reforma Agraria Integral. Con eso me doy de santos. Si no la hace, México va a terminar en un país de Centroamérica o como Venezuela, donde impera el terror y son víctimas de los demagogos”.
“Yo considero un pecado y un atentado contra los mexicanos no hacer la Reforma Agraria. El presidente que no la haga de verdad, comete un acto criminal contra el país. Porque, además, el presidente no es más que un empleado del pueblo; no es Dios. Yo creo que Dios no dura seis años, ¿sabes? Si un administrador no satisface las necesidades, que se vaya. Puede haber otro más apto”.
(Elena ha seguido los acontecimientos políticos del país desde que tenía seis años y leía el periódico, de cabo a rabo, tirada en el suelo. Hace cinco, ella misma fundó un periódico semanal —junto con Cristóbal Rojas— en el estado de Morelos: Presente!, para defender a los campesinos de Ahuatepec que no tenían manera de publicar lo que allí sucedía. Ahora, los campesinos de muchas partes vienen a verla buscando su apoyo. Elena los tiene en un alto concepto):
“En México, el campesino es el único que tiene una actitud civilizada: cuando es atacado y despojado viene a la capital a exponer sus problemas, porque cree en la Ley y en la Constitución y la respeta. Son los que están en el poder los que a cada momento la violan, creyendo que con una represión organizada van a controlar a la gente y eso no es cierto, la represión determina la violencia y la violencia es una reacción en cadena”.
(Dramaturga y novelista, Elena piensa que es más fácil escribir un cuento que un artículo, pero no encuentra ninguna dificultad para concretar qué hacer por la Reforma Agraria Integral):
“Hay que nacionalizar la banca privada (que se dedica al agio como una viuda francesa, haciendo casitas y cobrando sus rentas) para que sí preste. Los países capitalistas invertían en el campo de sus colonias y nosotros no invertimos para nosotros mismos; en cambio, los capitales se sacan del país. Hay que evitar esa fuga. Si ya lo dijo Kennedy muchas veces: la suma que da la Alianza para el Progreso es ridícula, comparada con la fuga de los capitales”.
(¿Qué es México para ti, Elena?):
“México es un país extraordinario con un destino brillante, frustrado por una casta colonial de funcionarios.
“La Historia de México se ha quedado inmóvil porque la psicología del funcionario es la misma desde la Colonia. Hay que acabar con ella. Y la política, por ende, no es una política de ciudadanos, sino de colonos de nosotros mismos”.
(¿Hay una cultura en México?):
“La cultura en México es colonial, de adorno. No hemos producido más idea que la Revolución. La función de la clase pensante es hacer la crítica y la crítica no se hace. Los intelectuales son escribanos de la Colonia, dedicados a escribir laudos a los hombres de poder. Así son ellos, los intelectuales, los que tienen la culpa de que los funcionarios tengan cabeza de funcionarios de la Colonia. Además, en México, no hay marinos, no hay científicos y sin ellos la verdadera cultura no es posible. No hay más que abogados, doctores y arquitectos, y los economistas que existen no sirven más que para justificar los robos de los fulanazos. Desde que Hernán Cortés tuvo que fundar el Ayuntamiento de Veracruz para poder legalizar la Conquista, en México estamos dedicados a hacer oficios que justifiquen los despojos. Los economistas sirven, además, para cambiar la geografía: cuando nos conviene tenemos bosques y minerales, y cuando no, somos un país desértico.
“En México ya casi no se puede tener una conducta. La abolición de la conducta personal por el Estado es aplastante. Hay que evitar establecer las formas totalitarias: (sustitución del Ejército por la policía y la divinización de la Iglesia por el Estado)”.
(¿Crees que ha habido algún progreso en México?):
“¿Cuál progreso? No hacemos ni botones (‘No, señora, botones no hay, la remesa de Francia no ha llegado…’). ¡Y hacíamos PIRÁMIDES…!”.
(¿Qué nos irá a pasar a los mexicanos?):
“Afuera, en Europa, creen que va a haber revolución si no hay un cambio radical”.
(Pero, Elena, un cambio así es difícil…):
“Qué va: ¡Devolver lo que uno se clava es muy fácil!”.

¿Cómo le gustaría que se tomara la obra El asesinato de Elena Garro? ¿Cuál es su deseo?

Mi gran deseo es que lean a Elena Garro, que no se dejen llevar por el discurso de los que detentan el poder, sean políticos, terratenientes, funcionarios, escritores o intelectuales.

Escritora invitada:
Gloria Domínguez, Escritora e investigadora. Trabajó en el Archivo General de la Nación y en el Archivo Histórico y Fotográfico de Tabasco en calidad de paleógrafa y catalogadora. Actualmente ejerce el cargo honorario de embajadora cultural de la Universum México. Escribe crítica teatral en la página web de la Agrupación de Periodistas de Teatro y ha sido miembro honorario del jurado en el Festival de Pastorelas Miguel Sabido. Forma parte de la Academia Literaria de la Ciudad de México.

Con base en tu investigación: ¿qué cualidades y limitaciones encuentras en el trabajo periodístico de Elena Garro? ¿De qué manera crees que contribuyó su propia formación artística a este ejercicio periodístico?

PRL: Precisamente por su formación clásica y su profundo conocimiento del universo prehispánico, Elena Garro pudo abordar el teatro, la narrativa, la poesía, el cine (como guionista) y el periodismo sin ningún problema, y, además, distinguirse en cada uno de estos géneros y renovarlos. Eso es otra cosa que no le perdonaron sus coterráneos misóginos y machistas: que fuera más brillante y culta que ellos. Una de las grandes cualidades del periodismo de Garro es que no pacta con el poder, que hace la crítica sin concesiones, por eso la desactivaron de la esfera política y cultural mexicana. No la mataron físicamente, pero la silenciaron y desacreditaron, que es otra forma de “asesinar” al enemigo. Cuando Garro se inicia como reportera, lo primero que indaga es la condición de la mujer en la sociedad patriarcal en la que ella misma padece la tiranía masculina. Sus entrevistas con Lolita González, Frida Kahlo e Isabella Corona, exponen su preocupación por el talento de sus colegas reducido a la esfera privada. En ellas revela su sagacidad para mostrar la envidia que causa el talento de la mujer en sus cónyuges. Por ejemplo, cuando dice en su texto sobre Frida Kahlo:

Frida Kahlo, by Guillermo Kahlo
Frida Kahlo Oct. 16 / 1932 Foto: Guillermo Kahlo
Nosotros los mexicanos somos más surrealistas que ellos, pero de una manera natural. No hay más que leer la página roja de los diarios para darnos cuenta de ello: “Señora que se traga la lengua de su esposo”; “Tenía calentura y cazó a un vecino”; etcétera. O ir un día a la Cámara de Diputados y oírlos hablar de su “distribución del régimen”, de la educación socialista o de la defensa de la democracia. En un país en el que hasta la geografía es surrealista (definición de Rafael Alberti: “Los mexicanos son unos locos rodeados de montañas por todas partes menos por una, que se llama cielo”), nada resulta surrealista; de allí que tuviéramos, sin darnos cuenta, a la surrealista más grande que haya habido: Frida Kahlo de Rivera. Y así como Colón, y no Moctezuma, descubrió a América, André Breton, y no Diego, descubrió a Frida.

Para mí el periodismo de Elena Garro no tiene limitaciones, más bien la sociedad mexicana la ha querido limitar o ningunear para que su talento no estorbe a los mediocres, sean hombres o mujeres. De varias maneras Elena Garro padeció lo mismo que sufrió Sor Juana. Y creo que después de Sor Juana, sólo Elena Garro ha demostrado ese mismo talento, esa misma sagacidad con su pluma, esa misma defensa por la igualdad genérica y la misma batalla en defensa de la libertad de pensamiento. Por eso, una vez más, los invito a leer a Elena Garro. Creo que somos muy afortunados de contar en las letras mexicanas con una pluma como la suya.

Consuelo Sáenz
Consuelo Sáenz
CONSUELO SÁENZ (CIUDAD JUÁREZ, 1973) ES LICENCIADA EN SOCIOLOGÍA. OBTUVO LA MAESTRÍA EN EDUCACIÓN, INVESTIGACIÓN Y DOCENCIA, POR LA NORMAL SUPERIOR DE CIUDAD MADERO, TAMAULIPAS. BECARIA DEL TALLER DE CREACIÓN LITERARIA ICHICULT, 2010. HA INCURSIONADO EN DISTINTOS GÉNEROS: ENTREVISTA, CRÓNICA, CUENTO, ENSAYO, POESÍA Y RELATO. COLABORADO EN PRENSA ESCRITA, REVISTAS ELECTRÓNICAS Y RADIO. PARTICIPÓ EN DOS LIBROS COLECTIVOS: MANUFACTURA DE SUEÑOS (ROCINANTE EDITORES, 2012) Y 43 POETAS POR AYOTZINAPA (LOS CUADERNOS DEL CANGURO BOLSÓN EDITORIAL, 2015). COLABORADORA PARA LA REVISTA ELECTRÓNICA DE ARTE Y CULTURA RANCHO LAS VOCES, EN CHIHUAHUA.

Anuncios

2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Sin duda hay que deconstruir esa y tantas historias “oficiales” más . Muy buen trabajo!

    Me gusta

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s