Perfecto encaje entre la vida terrenal y el más allá: Solar


Por Beatriz Marmolejo

Solar (2020, Taller Editorial Cáspita) llega a mis manos en bicicleta, en un momento incierto de la pandemia. A primera vista, la virtud que resalta es el trabajo físico del libro, pues fue hecho artesanalmente por Jenny, la encuadernadora estrella que le da vida a los libros de Cáspita en un taller que opera con pocas máquinas, cuatro manos, mucha música y muchas copas de vino.

La novela de Javier Elizondo está dividida en dos partes caracterizadas por más de una ruptura temporal. La primera es narrada de forma pulcra a través de la voz de Inés; la segunda, en cambio, es narrada por Amadeo, el hijo de Inés, pero rota en el tiempo por el hijo y nieto del mismo Amadeo. Conforme avanza la lectura de la primera parte, se puede descubir que cada vez se acelera el ritmo narrativo, lo cual va de la mano con el hecho de que Inés cada vez bebé más: ron con hielos para ser precisa. Cuando ella bebe, el hilo narrativo pende de un hilo que por momentos sirve para confundir al lector, pero que hábilmente se recupera para continuar la historia, por lo que me atrevo a decir que el alcohol es un medio que permite consumar el ritmo narrativo.

La historia de Solar comienza con el recuerdo de un libro que escribió el abuelo de Inés en 1963, llamado La primera escucha. En este libro se cuenta el supuesto diálogo entre el abuelo y E.P., un fantasma. Tras contar el impacto que tuvo en un cierto grupo de personas, quienes decidieron formar una secta llamada igual que el libro, la narración nos lleva al presente de Inés, en el que nos enteramos de que tras varios intentos, su mamá logró suicidarse. Antes de su muerte, dejó en su casa una marca inolvidable: frases escritas en la pared con su propia sangre. Cabe mencionar que este pasaje nos remonta al cuento de Javier Elizondo “Somos Lobas” (2019, Taller Editorial Cáspita).

La novela promete el perfecto encaje entre la vida terrenal y el más allá, pero no un más allá como el que solemos ver o leer. Es más bien un diálogo primero entre el abuelo y E.P., Inés y la mujer de la piedra, así como entre Santiago y El Perro. Un diálogo que al final podemos clasificar como exorcismo de uno mismo, pues los fantasmas interpretan al “yo” de un pasado o un futuro que al final entendemos que están ahí para dar un cierto soplo de una tranquila apatía a los personajes, que además los regresa a su realidad.

La arquitectura narrativa va acompañada de una voz femenina que resalta por la verosimilitud de los hechos. Inés habita en una realidad que la pone a prueba con cada decisión que toma, siempre guiada por Horacio Diosdado, hijo de uno de los creadores de la secta y miembro importante de la actual. Cada decisión u acción la llevan a una catarsis que siempre va acompañada de ron con hielos. Asimismo, un recurso recurrente de la narración es la frase constante en la que Inés menciona que en 1963 su abuelo escribió un libro. Este constante recuerdo comienza a meter al lector en una narración espiral que a lo largo de la novela se va haciendo más y más recurrente al utilizar recursos escritos, ya sea con el libro, cartas o promesas de textos; pero también con uno de los medios clave para esta primera novela de Javier Elizondo: el paso del tiempo, que a su vez contiene analepsis y prolepsis.

Sin duda, Solar es una novela que puede clasificarse como de terror y que engancha al lector en el espiral de la memoria, del paralelismo y del exorcismo de los fantasmas que nos acompañan.

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